Diario de aprendizaje IV (Ruska)

Llegada para mí la hora del olvido y Buen viaje excelencia

La novela “Llegada para mí la hora del olvido” de Tomás Val y la película “Buen viaje excelencia” me hicieron gracia. En las dos se describe al dictador Francisco Franco, quién fue probablemente la persona más temida de la historia de España, como una persona vieja, estupida, medio loca, tonta, etc. Se nota que obviamente después de tantos años bajo la rígida dictadura de Franco, se quiere hacer venganza de una persona que destruyó la vida de tanta gente inocente matando y torturando. Tanto en la novela como en la película hay un sabor fuerte a ironía. Franco ya es viejo y lo único que tiene en la mente son las pesadillas de las cosas malas que hizo durante la vida y el temor a la muerte. Es como cualquier anciano que sufre de la dementía y piensa si lo que hizo durante la vida sirvió para algo o no. Yo pienso que en la novela el personaje es más triste que en la película, porque en la novela está deprimido y aunque aún se cree divino, piensa en las cosas tristes, como en la muerte de su hijo recién nacido y la muerte de su padre con quien nunca tuvo una relación buena. También se siente muy solo y piensa que probablemente nunca amó de verdad a su esposa, Carmen Polo, y que ella tampoco le amó de verdad a él, sino solo se casó con él porque supo que iba a ser famoso en la vida y quiso conseguir fama através del matrimonio. En un punto del libro Franco (=Paco) hasta deja a su esposa y se va de la ciudad sin decir nada a Carmen, porque ya está harto de gobernar y de la gente que le rodea, que sólo está esperando su muerte. Trabaja por un tiempo de acomodador en un cine hasta que vuelve a su casa (surrealismo). Pienso que cuando uno lee la novela puede hasta sentir pena por el “monstruo”, por el horrible dictador fascista, que pienso, que casi todo el mundo debe odiar por los hechos sadistas que hizo, o que mejor dicho, mandó hacer. Aunque no podamos entender cómo pudo alguien hacer algo tan cruel a otras personas, aún podemos sentir pena por el pobre viejo que se siente solo y piensa que nadie le ama de verdad.
La película fue mucho más divertida en mi opinión, porque en ella los personajes son todos muy irónicos y un poco divertidos. Carmen Polo es una señora envejezida con una voz vaga e irritante, y no entiende nada de la enfermedad de Franco, porque aunque está muy mal, no lo llevan al hospital, sólo por el hecho de que no quiere, bueno, también porque no quieren que la gente se entere del mal estado en que está. Intentan disimular todo el tiempo que Franco está en perfecta condición, aunque de verdad está ya muy cerca de la muerte. Todo se hace según Franco quiere, aunque sea la cosa más ridícula (por ejemplo si él no tiene hambre, los demás no pueden comer tampoco). Pero de todas formas através de la ironía podemos imaginar como fue la realidad durante la etapa del franquismo. Que todo se rodeaba entorno a él y ninguna decisión se hacía sin él. Pero ya cuando las personas importantes que vivían con Franco notaban que no estaba bien, empezaban a robar y hacer otras cosas por el estilo detrás de su espalda. Pero esto no nos sorprende nada, porque cómo podía alguien considerarlo una persona fuerte y jefe del estado, si pescaba dentro de su casa y estaba ya loco y veía esas visiones tan extrañas en las que aún pensaba vivir en el pasado. Franco ya no era tanto una amenaza para ellos como antes, aunque aún no se atrevían a mostrarlo a él.
No sé si éticamente sea muy bueno hacer comedia con un personaje que fue la pesadilla para casi todo el país de España, pero alomejor ha pasado bastante tiempo para que la gente pueda ya reír de ello. Pero de todas formas, no creo que la gente que sufrío a causa de Franco le haga mucha gracia la película o la novela, porque como ya sabemos tratan del dictador que fusiló sistemáticamente una cantidad incalculable de gente.

A modo de conclusión

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Como terminamos la última clase sin tiempo para llevar a cabo una síntesis de las novelas estudiadas durante el curso, os prometí postear la parte de las conclusiones de un artículo mío sobre las cuatro primeras novelas (Luna de lobos, La voz dormida, Llegada para mí la hora del olvido y Soldados de Salamina). Escribí el artículo hace dos años y quedáis avisados de que no se trata de una obra maestra, pero espero que os sirva para algo. Todo tipo de comentarios y objeciones son bienvenidos. Una vez más, muchas gracias por participar en el curso, ha sido un gran placer trabajar con vosotros.

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Las cuatro novelas analizadas hablan del pasado reciente y aún hiriente de España, la Guerra Civil y el franquismo, desde el punto de vista “posmemorial”, esto es, mezclando elementos procedentes de la memoria transmitida, conocimientos históricos adquiridos por distintos medios e imaginación creativa. No obstante, las obras resultan muy diferentes entre sí, ya que cada uno de los novelistas ha elegido un enfoque y unas estrategias narrativas muy distintas. Luna de lobos resucita a cuatro huidos acorralados en las montañas de León; La voz dormida narra la historia de un grupo de mujeres republicanas en la cárcel de Ventas; Llegada para mí la hora del olvido consiste en las supuestas memorias del Caudillo; y Soldados de Salamina nos presenta a un falangista fusilado por los rojos y a un soldado republicano exiliado mediante la investigación histórica de un escritor en los años noventa. En conjunto, las novelas basadas en la posmemoria construyen, por lo tanto, un pasado plural, consistente en muchas voces, muchas historias y muchos puntos de vista.

A pesar de la variedad formal, las cuatro novelas del corpus tienen también varios elementos en común. Todas adoptan una postura moral favorable a los vencidos de la guerra y tres de las cuatro reivindican a alguna figura histórica, como a los maquis, a las mujeres resistentes o a los soldados anónimos. Sin embargo, ninguna de las novelas hace apología de la ideología concreta de estos colectivos, sino que se las observa siempre desde una distancia crítica. Como ha indicado Norma Sturniolo, las obras narran más bien “la tragedia de hombres y mujeres ante una situación límite, se profundiza en las reacciones que genera tal situación, como el miedo, el dolor, el desesperado apego a la vida.”[1] El conflicto y sus causas ideológicas pertenecen claramente al pasado; lo que perdura es la huella que dejaron los acontecimientos en la memoria colectiva y en las personas que los vivieron. Lo que reivindican los novelistas es, principalmente, el derecho a la memoria y a conocer la historia reciente del país, manipulada durante el franquismo y silenciada por los políticos en la Transición. Como dice María Coira, “[n]ovelar el pasado puede ser leído, pues, como no-velar el pasado; es decir, correr el velo con que ha sido cubierto o encubierto.”[2]

Las obras comparten también una vinculación emocional con el pasado. Cada una de ellas constituye una excursión al pasado, a la vida de las generaciones inmediatamente anteriores. Mediante la escritura, los novelistas buscan no sólo una conexión intergeneracional sino también una continuidad entre el ayer y el hoy. La Guerra Civil es considerada como el principio del presente y resulta imprescindible para entender la sociedad española de hoy. Por lo tanto, las novelas basadas en la posmemoria no estudian el pasado a causa del pasado mismo, sino que lo utilizan como una herramienta para comprender la actualidad y para construir un futuro diferente. El objetivo no es detener “el pasado que no pasa”, sino superarlo. Los novelistas parecen sugerir que, para liberarse del lastre del pasado dictatorial, primero hay que conocerlo y admitirlo; no se logra una verdadera reconciliación mediante un silencio pactado o un olvido fingido, sino hablando, a través de un diálogo polifónico y abierto.

Como resultado del análisis de las cuatro obras que forman el corpus, se pueden distinguir tres facetas distintas en la construcción literaria de la memoria histórica. La primera consistiría en la reivindicación de un grupo marginalizado concreto, como el de los huidos en la novela de Llamazares y la de las mujeres resistentes en la de Chacón. La segunda faceta implicaría la problematización de esa postura algo simplista y la introducción de un planteamiento histórica y políticamente más complejo y equitativo, que se vería realizado en la novela de Cercas. Y la tercera, representada por la novela de Val, supondría un desprendimiento del realismo y de la verosimilitud histórica del discurso, y la búsqueda de la liberación del pasado mediante la imaginación creativa y el uso de la ironía.

Aunque el reducido corpus de este estudio impide dar validez general a los resultados obtenidos, creo que éstos pueden resultar interesantes como hipótesis para futuros estudios sobre el tema de la posmemoria literaria con un corpus más amplio. Asimismo, para estudiar con más profundidad la aportación “posmemorial” a la discusión sobre la Guerra Civil y sus secuelas, sería necesario comparar la obra de estos autores, nacidos en los años cincuenta y sesenta, con la de las generaciones anteriores, publicada tanto antes como después del fin de la dictadura, en España y en exilio. Este tipo de trabajo global, aún sin realizar, podría revelar aspectos interesantes sobre la evolución de la novela española sobre la Guerra Civil y sus secuelas.


[1] STURNIOLO, N.: “El final de la guerra civil. 60 años después”. DeLibros, 126, 1999, p. 36.[2] COIRA, M.: “Historia y ficción: versiones narrativas”, en J. M. Pozuelo Yvancos, F. Vicente Gómez (eds.), Mundos de ficción [Actas del VI Congreso de la Asociación Española de Semiótica], Vol 1, Murcia, Universidad de Murcia, 1996, p. 492.

Diario de aprendizaje IV (Ruth)

Soldados de Salamina, Javier Cercas, 2001, Barcelona.

Leí  Soldados de Salamina por segunda vez. Y volvió a gustarme. La primera la había leído de forma lúdica, pero ya me había llamado la atención, lo mismo que a J.A. González Sainz en su artículo La obsesión y el secreto (Letra Internacional, 75, 2002, pp. 69-71): el personaje-autor persigue casi como en una novela policial a un no-asesino, a alguien que otorga/ posibilita la vida. Personalmente no sé si se puede hablar de perdón a los enemigos (Santos Juliá, El azar y la piedad,  Letra Internacional, 75, 2002, pp 69-71) ni de redención entre facciones opuestas (E. Poniatowska, El sueño de los héroes,  La Jornada. unam.mx.2003.07.06).  En mi opinión podría decir que se trata de piedad o compasión pero desde un punto de vista personal. El soldado que no-mata no está pensando “voy a perdonar a mis enemigos”. Siente compasión personal por otra persona. Decide no matar. Me atrevería a decir que lo hace desde un punto de vista sartreano: tomo la responsabilidad personal de no matar y me atendré las consecuencias. Porque en esos escasos momentos en que el soldado mira a Sánchez Maza tiene que haber pensado qué podría pasar si lo descubrieran. Si alguien llegara y le dijera “cómo que no hay nadie ¿y este hijo de mala madre,  creador del falangismo, qué es?”. En esos segundos tiene que haber sopesado la vida y la muerte, su vida y su muerte. ¿por qué no lo mata? ¿para qué no lo mata? (Poniatowska, id). Sólo lo puede saber el soldado. Para mí, una interpretación más entre todas las que he leído, es simplemente un rasgo responsable de humanidad frente a la deshumanización que implica una guerra fraticida que ya terminaba.

Volví a disfrutar con la novela que se va  construyendo dentro de la novela, con todos los conceptos de realidad ficcionada, de novela casi real, de las intenciones de realismo y veracidad,  de las idas y vueltas del peridiodista de investigación.  De la verdad inventada. Miralles es mucho más real que todos los otros personajes. Creo que todos quisiéramos que exista. Que se haya dado ese abrazo tan literario con un novelista de verdad. Uno de los momentos más interesantes en el libro es el encuentro personaje-escritor con el escritor-personaje que es Bolaño,  hilo de Arianna reencontrado, da pie a la tercera parte: el encuentro con Miralles, donde el personaje-autor da lo mejor de sí mismo.

Poniatowska critica a Cercas dos posiciones despreciativas , mirando desde arriba a Conchi y a los campesinos. Aún pensándolo desde un punto de vista feminista, no todos los personajes tienen que ser políticamente correctos, un personaje es como es, aunque no nos resulte simpático. Como pienso que son muchos periodistas y novelistas de habla hispana, machistas inocentemente (sí, ya sé, hoy en día nadie es inocente). No pienso que Cercas no se haya dado cuenta de lo que escribía. Simplemente es un toque más de “realidad” en la novela. Poner a Conchi a la altura del Cercas personaje hubiera sido poco creíble en la sociedad española en la que se mueve Cercas. Y él pretende hacer una novela “donde todo sea verdad”.

Diario de aprendizaje III (Ruth)

La voz dormida, Dulce Chacón, Alfaguara, Madrid 2002

Quizás uno de los puntos más importantes de la novela, es que las mujeres aquí no son tratadas como iconos, heroínas ni mitos, sino mujeres de carne y hueso, no sólo porque sabemos que existieron sino por no pretender ser símbolos, aunque al final de la novela tengamos esa sensación.   Tomasa no es Madre Coraje, es una mujer llena de dolor a quien le han matado a su familia. Ni Tensi es el mito de la maternidad que trasciende su propia muerte.  Es una mujer que ama a su marido hasta sus últimas consecuencias, con el orgullo de ser roja, pero sin erigirse en estatua para las próximas generaciones.

Heroínas, sin pedestal, sin Historia, son todas esas mujeres que fueron consecuentes con sus ideales y que a pesar de ellas se vieron envueltas en una guerra. Algunas marcharon al frente o al maquis, obligadas por las circunstancias, no porque soñaran con ser soldados ni guerrilleras. En todas las situaciones excepcionales, la revolución mejicana, la rusa, la guerra en vietnam, muchas mujeres se vieron en la posición de soldados o reemplazando en la retaguardia a los hombres en sus trabajos, a veces en cargos de prestigio. Y Dulce Chacón habla de ellas.

Terminada la contienda, las mujeres rara vez conservan esa situación considerada de prestigio por los hombres.  Vuelven a sus labores:   ahora que sus hombres están de vuelta se les “permite” cuando no se las obliga a volver a su habitat “natural”: el hogar.

Las mujeres de Chacón viven sobre todo en en un mundo claustrofóbico, dentro y fuera de la cárcel. Las escenas de la cárcel de Ventas están muy bien logradas, si bien hay tensión dramática, no nos encontramos con melodras ni dramatismo exagerado. Así era (y en muchos países es) la vida en la cárcel, una cotidianeidad de ignominias e impotencias. La vida de los personajes fuera de la cárcel llevan una vida ritmada por las visitas a esta  y se sienten prisioneros/rehenes  de la situación de vencidos. Incluso los que están en el maquis están prisioneros de la realidad política, a pesar de estar en el monte.

Como varias de las novelas que estamos leyendo (y las películas también) hay en el libro de Dulce Chacón una intención de veracidad, un intento de acercarse a los hechos factibles.  Los persnajes femeninos tienen cuerpo y voces reales, en cambio en mi opinión, los personajes masculinos son más icónicos y estereotipados. En eso coincido con Antonio López Quiñones, La guerra persistente, Madrid, Iberoamericana, 2006. Los personajes masculinos son más chatos, responden a la figura del militante, más que al personaje. Los personajes de La voz dormida, salvo excepciones (Pepita), no se preguntan si podrían actuar de otra manera a lo ordenado, como en Soldados de Salamina,  porque obedecen a los modelos con que han sido creados.  En el intento de Chacópn de recuperar  voces dormidas hay un cierto maniqueísmo, los del partido son buenos y fusilarán cuando haya que fusilar al enemigo o a quien represente un peligro para la misión o el partido, los malos no dudarán en fusilar a Tensi, que acaba de dar a luz.  La discusión entre Paulino y el cura me hizo pensar en una frase de Alfredo Bryce Echenique  en La vida exagerada de Martín Romaña, Argos Vergara, Barcelona, 1981 “Inés pasó del catolicismo más militante al comunismo más pío”. Lo que retrata como en el caso de Paulino un militante doctrinario.

Leyendo el libro de Chacón me he conmovido, sobre todo en las escenas de solidaridad de la cárcel, que son las que más realistas me parecen. Los sentimientos de las presas hacia su propio cuerpo, hacia la suciedad, por ejemplo. Las condiciones de higiene y de salud. Aunque López Quiñones critique que la cárcel “privilegia la coincidencia de pareceres y la convergencia en las acciones” allanando disidencias, pienso que en aquella época y en otras más recientes, la cárcel por razones políticas implica asumir posiciones colectivas y de pertenencia para poder sobrevivir.

Tampoco coincido con López Quiñones cuando critica que en La voz dormida no se discutan los aspectos fundamentales del comunismo o de la república. Sería como volver a los años ´50 ó ´60 cuando los personajes de una novela explicaban las ideas marxistas. Por suerte no es el objetivo de Chacón, sino mostrar cómo las personas,  deciden defender esas ideologías a costa de la vida o de la cárcel.

Personalmente pienso que si no es uno de los libros más sólidos o mejor escritos de los que hemos leído en este curso, sí es uno de los primeros que pone a las mujeres en el mapa de la historia de la Guerra Civil y el franquismo, uno de los más conmovedores, y sobre todo un canto a la libertad.

“Franco era como el mago de Oz: frágil, pequeño e inseguro”

El hispanista Paul Preston presenta un ensayo en el que desmonta las mentiras difundidas sobre el dictador

EUROPA PRESS / El País– Barcelona – 21/04/2008

El historiador británico Paul Preston acaba de publicar El gran manipulador. La mentira cotidiana de Franco (Ediciones B) donde desgrana la personalidad del Caudillo, marcada por su condición de “vulnerable, pequeño e inseguro” por la que se refugiaba “en un disfraz”, algo que al inglés le recuerda al Mago de Oz, según indicó ayer en rueda de prensa.

Durante la época de Africa, Franco fue el Héroe del Rif para convertirse en el Cid del siglo XX en la Guerra Civil y luego, durante la Segunda Guerra Mundial, en un Felipe II obsesionado por reconstruir un imperio, relató Preston acerca de esa personalidad cambiante en la que siempre predominaba el afán por mentir y tergivrsar la realidad a su favor, según dijo.

“Eran unas mentiras tan infantiles que parecía imposible que las pudiese decir” pero “cuando se tiene el control totalitario de los medios, se puede decir cualquier cosa”, remachó el historiador, y puso como ejemplo una “mentira colosal”: Franco justificaba las penurias que pasó España durante la posguerra aduciendo que la culpa la tenía América, porque tenía envidia del sistema falangista, recordó Preston.

Mediocre y mentiroso

En el libro, que publica en catalán la editorial Edicions Base, se explica que Franco, “mediocre y mentiroso”, pudo mantenerse 40 años en el poder por la “inversión de terror” que hizo, por la “capacidad de manipular a sus colaboradores” y por el contexto internacional, en el que las potencias “sabían las mentiras de Franco pero les convenía” no revelarlas, aseguró.

La falta de sentimientos del dictador le facilitó mucho las cosas, ya que le capacitaba para pedir sin remordimiento la muerte de sus enemigos y para usar a sus soldados como carne de cañón, expuso Preston, aunque puntualizó que tampoco se puede decir que “disfrutase de la sangre”.

“Estoy harto de Franco”

“Es un poco exagerado decir que la única faceta de Franco era la de mentiroso, pero sí que es la que cada vez me llama más la atención”, reconoció Preston, para el que el Caudillo tenía “graves problemas psicológicos” y una fe ciega en la victoria y una suerte equiparable a la de un buen entrenador de futbol, además de que era capaz de animar a las tropas con su voz aguda y floja.

“Estoy harto de Franco”, espetó el historiador, aunque le motiva seguir investigando porque los medios de comunicación anglosajones le siguen brindando a Franco una buena fama que, según él, no merece.

El gran público anglosajón no ponen a Franco en el contexto de Hitler porque le sobrevivió 30 años y, antes y después de 1945, “pero sobretodo después”, el Caudillo puso en marcha una potente maquinaria de propaganda para reconstruir la historia y presentarse como el gran militar que ganó la Guerra Civil, el liberador de España de la Segunda Guerra Mundial y el inspirador del crecimiento económico de los años 60, premisas que para Preston son falsas.

Preston (Liverpool, 1946) consideró que lo que falta saber aún de Franco es el grueso de sus documentos personales, que están en paradero desconocido después de que en los años 60 se especulara con su venta, aunque un porcentaje muy pequeño de ellos se recogen en la Fundación Nacional Francisco Franco, según dijo el historiador.

Recientemente nombrado miembro del Institut d’Estudis catalans (IEC), Preston ofreció una conferencia sobre Franco ayer a las 19 horas en el Museu d’Història de Catalunya.

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Sobre Isaac Rosa y El vano ayer

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En internet hay muchas críticas sobre El vano ayer y también entrevistas a Isaac Rosa. Os pongo aquí algunos enlaces:

CRESPO, Marciano: “El franquismo torturó y ejecutó hasta el último momento” [entrevista a Isaac Rosa]. Tribuna, octubre de 2004 [http://www.fsap.ccoo.es/comunes/temp/recursos/22/29408.pdf].

ECHEVARRÍA, Ignacio: “Una novela necesaria”. El País, 12/06/2004 [http://www.elpais.com/articulo/semana/novela/necesaria/elpepuculbab/20040612elpbabese_16/Tes].

RENDUELES, César: “Isaac Rosa. La anamnesis del franquismo”. Ladinamo, 13, 2004 [http://www.ladinamo.org/ldnm/articulo.php?numero=13&id=324].

Os recomiendo también la siguiente novela de Isaac Rosa:

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y un artículo sobre ¡Otra maldita novela sobre la guerra civil!:

GOYTISOLO, Juan: “Ejercicio de valentía y lucidez”. El País, 17/03/2007 [http://www.elpais.com/articulo/narrativa/Ejercicio/valentia/lucidez/elpepuculbab/20070317elpbabnar_9/Tes].

Más sobre la Sección Femenina

Encontré estos documentos reunidos en un blog titulado Mangas verdes:

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Ya no hay mujeres como las de antes Extractos de “Sección Femenina”, de la Falange Española y de las JONS, editado en 1958

Ten preparada una comida deliciosa para cuando él regrese del trabajo. Especialmente, su plato favorito. Ofrécete a quitarle los zapatos. Habla en tono bajo, relajado y placentero.

Prepárate: retoca tu maquillaje, coloca una cinta en tu cabello. Hazte un poco más interesante para él. Su duro día de trabajo quizá necesite de un poco de ánimo, y uno de tus deberes es proporcionárselo.

Durante los días más fríos deberías preparar y encender un fuego en la chimenea para que él se relaje frente a él. Después de todo, preocuparse por su comodidad te proporcionará una satisfacción personal inmensa.

Minimiza cualquier ruido. En el momento de su llegada, elimina zumbidos de lavadora o aspirador. Salúdale con una cálida sonrisa y demuéstrale tu deseo por complacerle. Escúchale, déjale hablar primero; recuerda que sus temas de conversación son más importantes que los tuyos. Nunca te quejes si llega tarde, o si sale a cenar o a otros lugares de diversión sin ti. Intenta, en cambio, comprender su mundo de tensión y estress, y sus necesidades reales. Haz que se sienta a gusto, que repose en un sillón cómodo, o que se acueste en la recámara. Ten preparada una bebida fría o caliente para él. No le pidas explicaciones acerca de sus acciones o cuestiones su juicio o integridad. Recuerda que es el amo de la casa.

Anima a tu marido a poner en práctica sus aficiones e intereses y sírvele de apoyo sin ser excesivamente insistente. Si tú tienes alguna afición, intenta no aburrirle hablándole de ésta, ya que los intereses de las mujeres son triviales comparados con los de los hombres. Al final de la tarde, limpia la casa para que esté limpia de nuevo en la mañana. Prevé las necesidades que tendrá a la hora del desayuno. El desayuno es vital para tu marido si debe enfrentarse al mundo interior con talante positivo.

Una vez que ambos os hayáis retirado a la habitación, prepárate para la cama lo antes posible, teniendo en cuenta que, aunque la higiene femenina es de máxima importancia, tu marido no quiere esperar para ir al baño. Recuerda que debes tener un aspecto inmejorable a la hora de ir a la cama… si debes aplicarte crema facial o rulos para el cabello, espera hasta que él esté dormido, ya que eso podría resultar chocante para un hombre a última hora de la noche. En cuanto respecta a la posibilidad de relaciones íntimas con tu marido, es importante recordar tus obligaciones matrimoniales: si él siente la necesidad de dormir, que sea así, no le presiones o estimules la intimidad. Si tu marido sugiere la unión, entonces accede humildemente, teniendo siempre en cuenta que su satisfacción es más importante que la de una mujer. Cuando alcance el momento culminante, un pequeño gemido por tu parte es suficiente para indicar cualquier goce que hayas podido experimentar. Si tu marido te pidiera prácticas sexuales inusuales, sé obediente y no te quejes. Es probable que tu marido caiga entonces en un sueño profundo, así que acomódate la ropa, refréscate y aplícate crema facial para la noche y tus productos para el cabello. Puedes entonces ajustar el despertador para levantarte un poco antes que él por la mañana. Esto te permitirá tener lista una taza de té para cuando despierte.

Sacado de “Economía doméstica para bachillerato y magisterio” Sección Femenina 1958.

El mañana efímero

La España de charanga y pandereta,
cerrado y sacristía,
devota de Frascuelo y de María,
de espíritu burlón y de alma quieta,
ha de tener su mármol y su día,
su infalible mañana y su poeta.
El vano ayer engendrará un mañana
vacío y ¡por ventura! pasajero.
Será un joven lechuzo y tarambana,
un sayón con hechuras de bolero;
a la moda de Francia realista,
un poco al uso de París pagano,
y al estilo de España especialista
en el vicio al alcance de la mano.
Esa España inferior que ora y bosteza,
vieja y tahur, zaragatera y triste;
esa España inferior que ora y embiste
cuando se digna usar de la cabeza,
aún tendrá luengo parto de varones
amantes de sagradas tradiciones
y de sagradas formas y maneras;
florecerán las barbas apostólicas
y otras calvas en otras calaveras
brillarán, venerables y católicas.
El vano ayer engendrará un mañana
vacío y ¡por ventura! pasajero,
la sombra de un lechuzo tarambana,
de un sayón con hechuras de bolero,
el vacuo ayer dará un mañana huero.
Como la náusea de un borracho ahito
de vino malo, un rojo sol corona
de heces turbias las cumbres de granito;
hay un mañana estomagante escrito
en la tarde pragmática y dulzona.
Mas otra España nace,
la España del cincel y de la maza,
con esa eterna juventud que se hace
del pasado macizo de la raza.
Una España implacable y redentora,
España que alborea
con un hacha en la mano vengadora,
España de la rabia y de la idea.

Antonio Machado

Diario de aprendizaje III (Eriikka)

La novela Soldados de Salamina ofrece varios hilos temáticos interesantes (tales como la búsqueda de un padre, la vejez, el heroísmo), pero lo que voy a tratar brevemente a continuación, es el tema de la memoria junto con su contrario, el olvido. Este análisis partirá de ideas ancladas al título de la novela. Para limitar el tema todavía más, pasaré por alto la autoreflexión que la novela efectúa sobre la cuestión de la formación de la memoria y la textualización del pasado. El título de la obra Soldados de Salamina sugiere irónicamente que la guerra civil española representa para los españoles de generaciones posteriores a la guerra algo tan lejano y desconocido en la historia como la batalla naval de Salamina (430 AEC) entre las tropas persas y griegas. El narrador/protagonista subraya esta idea en dos ocasiones de la primera parte de la novela:

“[- – -] empecé a sentir curiosidad por Sánchez Mazas; también por la guerra civil, de la que hasta aquel momento no sabía mucho más que de la batalla de Salamina [- – -] y por las historias tremendas que engendró, que siempre me habían parecido excusas para la nostalgia de los viejos y carburante para la imaginación de los novelistas sin imaginación” (21)

“[- – -]desde que el relato de Ferlosio despertara mi curiosidad nunca se me había ocurrido que alguno de los protagonistas de la historia pudiera estar todavía vivo, como si el hecho no hubiera ocurrido apenas sesenta años atrás, sino que fuera tan remoto como la batalla de Salamina” (43)

En realidad sesenta años es un tiempo muy corto en la historia de la humanidad, y el evento de la antigüedad sirve para poner la guerra civil española en una escala relacional, a través de la cual lo podemos percibir como un acontecimiento bastante reciente. El narrador se auto-acusa por este olvido en primera persona, sin señalar culpables, pero implícitamente apela a lectores que puedan relacionarse con este personaje/narrador. Podemos leer estos párrafos como una manera de describir, incluso de criticar a una mentalidad colectiva de una generación a partir de una experiencia individual.

Dentro de la novela, Soldados de Salamina también representa el olvido de otra manera, a través del libro que Sánchez Mazas había prometido escribir, pero que nunca escribió:

“[- – -] Sánchez Mazas nos dijo que iba a escribir un libro sobre todo aquello, un libro en el que apareceríamos nosotros. Iba a llamarse Soldados de Salamina; un título raro, ¿no? También dijo que nos lo enviaría, pero no lo hizo.” (73)

“Soldados de Salamina”, por lo tanto, como el título del “relato real” que escribe el narrador dentro de la novela, es el libro que Sánchez Mazas no escribió y reivindica así la memoria de los “amigos del bosque”, es decir les vuelve a pagar la deuda en que quedó Sánchez Mazas. Aquí surge claramente la idea de que las generaciones posteriores que nada tenían que ver con los acontecimientos de la guerra civil, pueden ser los que toman un rol activo en la reivindicación de la memoria de quienes padecieron el olvido. Hay dos ideas recurrentes en la novela sobre la relación de la memoria, la escrita y el olvido. Por un lado, se asocia la muerte con el olvido, es decir, el ser olvidado es como estar muerto, por otro lado la memoria (especialmente a través de lo escrito) viene a ser una manera de mantener a alguien vivo hasta después de muerte, o de pagar una deuda (idea esta que incluso uno de los paratextos de la obra, la nota del autor, llega a reforzar):

“También pensé que Figueras pensaba que, si alguien escribía acerca de su padre, su padre no estaría del todo muerto.” (53)

“[- – -] se acuerda porque, aunque hace sesenta años que fallecieron, todavía no están muertos, precisamente porque él se acuerda de ellos. O quizá no es él quien se acuerda de ellos, sino ellos los que se aferran a él, para no estar del todo muertos.” (201)

A través del personaje de Miralles y sus amigos muertos en la guerra, Soldados de Salamina también viene a simbolizar a todos los soldados olvidados de la historia que han servido para “salvar a la civilización”. Es de notar que la batalla de Salamina es comúnmente considerada en la historiografía occidental como decisiva para la salvación de la llamada civilización occidental frente al imperio persa. Esto vuelve a ser irónico tomando en cuenta que los griegos, al igual que los republicanos, luchaban en contra de fuerzas más numerosas y mejor equipadas, pero en vez de perder, vencieron. Tanto los republicanos como los nacionalistas sentían que estaban luchando para salvar a la civilización, y Sánchez Mazas, si es que realmente aludió en varias ocasiones a la Batalla de Salamina, lo habrá hecho también desde esta perspectiva. Sin embargo, desde el punto de vista del presente, después de la larga dictadura franquista, la interpretación simbólica de Salamina puede cambiar. Tampoco hay que buscar demasiados paralelismos entre estos eventos históricos, pero creo que parte de la simbología puede interpretarse también a nivel político.

La obra llega a realizar como un tipo de tributo de recuperación de memoria a todos los soldados que lucharon para “salvar a la civilización” en la historia de la humanidad sin saber siquiera bien por qué estaban luchando. Este soldado universal, representado por el personaje de Miralles, que “[- – -] llevando la bandera de un país que no es su país, de un país que es todos los países y que sólo existe porque ese soldado levanta su bandera abolida [- – -] sin saber muy bien hacia dónde va ni con quién va ni por qué va, sin importarle mucho siempre que sea hacia delante [- – -]” (209) no es ni más ni menos que la imagen opuesta al soldado universal de la famosa canción “Universal Soldier” de Buffy Sainte-Marie (1964) (más conocida por la grabación de Donovan) que, en el espíritu de su época, establece una crítica partiendo de los mismos presupuestos, pero apelando por la responsabilidad individual de cada ser humano. Aquí vemos la transformación que sufre el narrador a lo largo de la novela, algo parecido a una experiencia religiosa. La novela parte del interés de un narrador, que se declara pacifista, por un soldado que decidió no matar. Sin embargo, hacia el final se establece un elogio a este soldado por otras razones. No hay que olvidar que estos soldados que ni saben bien por qué están luchando, pero avanzan con la fe de que lo estarán haciendo por alguna causa buena, existen de los dos lados. Para el Cercas del final de la novela, representan los verdaderos héroes, con quienes estamos en deuda, pero podríamos pensar que todos estos soldados (tanto muertos, como vivos y olvidados) representan también la absurdez y la futilidad de las guerras.

Fuentes: Cercas, Javier (2001) Soldados de Salamina, Tusquets, Barcelona.