Historia, ficción y casualidad en Soldados de Salamina

Soldados de Salamina (2001) de Javier Cercas narra cómo el protagonista-narrador Javier Cercas llega a escribir una obra – o un “relato real” – de la vida de Rafael Sánchez Mazas. Todo empieza cuando el narrador-protagonista Javier Cercas escucha la historia del fusilamiento del escritor falangista Rafael Sánchez Mazas por casualidad en una entrevista. Guiado por su curiosidad y obsesión por el escape de Sánchez Mazas, Javier Cercas intenta por todos los medios averiguar cómo y por qué Sánchez Mazas consiguió escapar de su fusilamiento. Cuando el protagonista-narrador Javier Cercas intenta reconstruir su “relato real”, le fascina y obsesiona particularmente un acto de heroísmo, es decir la decisión tomada por un soldado republicano de perdonarle la vida a su enemigo Sánchez Mazas. Consecuentemente, empieza una búsqueda infatigable para encontrar a un viejo soldado miliciano, Miralles, al que supone el soldado que le perdonó la vida al escritor falangista.

La novela mezcla lo real y lo inventado para problematizar los límites de historia y ficción. Las grandes líneas argumentales de la novela son ficticias, pero la novela incluye también varios personajes, acontecimientos y fuentes de información reales. De este modo, la novela demuestra el proceso narrativo detrás de la literatura y la historia. Pone de relieve que los textos históricos se asemejan a la ficción en el sentido de que nunca representan el pasado de manera completamente objetiva, sino son interpretaciones o construcciones subjetivas de los acontecimientos pasados.

Además de dirigir la atención del lector a la relación complicada entre historia y ficción, Soldados de Salamina enfatiza el papel de la casualidad tanto en la historia como en la escritura de la historia. En primer lugar, el narrador-protagonista Javier Cercas se interesa por la Guerra Civil y la historia de Sánchez Mazas por pura casualidad. Asimismo, los pasos que da en su camino de la búsqueda de la verdad son resultados del azar.

El papel de la casualidad está también relacionado con la despolitización de la Guerra Civil. La novela presenta la Guerra Civil como una serie de anécdotas inconexas sin grandes fundamentos ideológicas. La despolitización de la Guerra Civil se lleva a la práctica sobre todo mediante la despolitización de los personajes, ya que en la novela no hay personajes con convicciones políticas sinceras. Efectivamente, tanto los personajes ficticios como las figuras históricas de la novela eligen los bandos al que permanecen durante la guerra prácticamente al azar. El mismo Sánchez Mazas, conocido por ser miembro fundador del partido Falange Española, aparece en la novela como un hombre que desprecia la política y no cree realmente en las ideas falangistas. Según Soldados de Salamina, Sánchez Mazas se identifica como fascista y funda la Falange Española sin querer, igual que lo hacen los demás falangistas:

“Quizá Sánchez Mazas no fue nunca más que un falso falangista, o si se quiere un falangista que sólo lo fue porque se sintió obligado a serlo, si es que todos los falangistas no fueron falsos y obligados falangistas.” (136)

De misma manera, Miralles, el soldado republicano quien supuestamente salvó a Sánchez Mazas de la muerte, se muestra indiferente frente a la política, y se encuentra luchando por causas ajenas que ni siquiera es capaz de entender. La novela sugiere que Miralles es miembro del Partido Comunista simplemente por inercia:

“Antes de la guerra Miralles trabajaba de aprendiz de tornero; ignoraba la política [ …] Sin embargo, apenas llegó al frente se hizo comunista; el hecho de que lo fueran sus compañeros y sus mandos y de que también lo fuera Líster sin duda influyó en su decisión”. (155)

La falta de las decisiones conscientes e ideológicas caracteriza también el acto de heroísmo de la novela, es decir la decisión del soldado republicano de dejar vivir a su enemigo. La novela no narra directamente, porque el soldado republicano no delató a Sánchez Mazas, pero sugiere que su acto de heroísmo fue una combinación de circunstancias que no se podían prever ni evitar. De hecho, en Soldados de Salamina el heroísmo parece ser algo innato e intuitivo:

” Alguien que se cree un héroe y acierta. O alguien que tiene el coraje y el instinto de la virtud y por eso no se equivoca, o por lo menos no se equivoca en el momento en el único momento en que importa no equivocarse, y por tanto no puede no ser un héroe. O quien entiende, como Allende, que el héroe no es el que mata, sino el que no mata o se deja matar […] Yo creo que en el comportamiento de un héroe hay casi siempre algo ciego, irracional, instintivo, algo que está en su naturaleza y a lo que no puede escapar” (148)

En fin, Soldados de Salamina insiste en el carácter casual de los acontecimientos de la guerra para quitar la dimensión ideológica del conflicto, y de ese modo, sugiere que la guerra fue una locura colectiva en la que todos lucharon sin saber muy bien por qué, y todos fueron al mismo tiempo culpables y víctimas. La mezcla de la historia y ficción, en cambio, problematiza el conocimiento histórico que tenemos del pasado. Al enfatizar la naturaleza textual e ideológica de todos los narrativos sobre el pasado, la novela hace que el lector cuestione sus ideas de la Guerra Civil, porque se da cuenta que ni la literatura ni la “historia real” puede contar los acontecimientos pasados de manera objetiva.  Por lo tanto, parece que Soldados de Salamina intenta a poner en duda las “verdades” sobre la Guerra Civil, y de esa manera es un intento de reconciliar las divisiones creadas por la Guerra Civil.

 

Fuentes:

Cercas, Javier: Soldados de Salamina (2001)

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