Algunas reflexiones sobre la Guerra Civil, el franquismo y Javier Cercas

Algunas reflexiones sobre la Guerra Civil, el franquismo y Javier Cercas

por Ezgi Özdil Saha

Quizás ya sabéis que la única hija de Franco, Carmen Franco murió el 29 de diciembre a los 91 años en Madrid [1]y las noticias han aumentado algunos debates, otra vez, sobre el pasado de España. Unos han conmemorado a Franco como el líder más grande de toda la historia de España cuando para algunos esas noticias han despertado emociones negativas y muy fuertes. Junto antes de esas noticias había leído algunos artículos sobre Javier Cercas, Soldados de Salamina y también su última obra El Monarca de las sombras, con la que otra vez vuelve al tema de la Guerra Civil desde su “propio punto de vista”. Me han surgido algunas preguntas sobre cómo se perciben la Guerra Civil y la dictadura de Franco por los vencidos y los vencedores, qué tipo de emociones ha posiblemente causado la muerte de la hija de un dictador que cambió profundamente la historia y el destino de un país europeo.

En Soldados de Salamina, Javier Cercas nos cuenta la historia de Rafael Sánchez Mazas, fundador e ideólogo de la Falange, poeta y futuro ministro de Franco, quien consigue milagrosamente escapar y ocultarse en el bosque en los meses finales de la Guerra Civil con otros presos franquistas mientras los republicanos lo persiguen; hasta que un soldado republicano lo descubre, lo encañona y, mirándolo a los ojos, le perdona la vida.[2]

En su obra El monarca de las sombras, esta vez Javier Cercas regresa al año 1936 para reconstruir la historia la historia del “héroe” de su propia familia, Manuel Mena, quien incorporó al ejército de Franco; dos años después murió combatiendo en la batalla del Ebro, y durante décadas se convirtió en el héroe oficial de su familia. Era tío abuelo de Javier Cercas, quien siempre se negó a indagar en su historia, hasta que se sintió obligado a hacerlo.[3]

Javier Cercas es un autor que trata el tema de la Guerra Civil desde un punto de vista muy personal y distinto que los otros autores que han escrito sobre el mismo tema, hasta el punto de ser controversial. Por ejemplo, su obra Soldados de Salamina se ha criticado por algunos por intentar reconciliar los vencidos y los vencedores e insistir en la idea de una transición de la dictadura a la democracia modélica y en que la reconciliación fue voluntaria.[4]

En una entrevista que se ha publicado en El Confidencial, Javier Cercas explica cuál era su intención con la obra El monarca de las sombras:  “… lo que yo me propuesto entender con ‘El monarca de las sombras’ es por qué un chaval de diecisiete años como Manuel Mena, proveniente de una humilde familia de pequeños propietarios, con inquietudes intelectuales -es el primero de la familia que estudia- se apunta a defender una causa injusta y termina muriendo en la batalla del Ebro…  Yo quiero comprenderlo, pero no hay nada que justificar. Yo lo rechazo. Manuel Mena cometió un error pero, si no se entiende, ese error se volverá a repetir. El fascismo, del que fue víctima en su momento… porque era la moda en su momento, era la nueva política, porque el fascismo era el anticapitalismo… Hoy vuelve el fascismo con otras máscaras, vuelven los líderes carismáticos, vuelve la política épica y sentimental. Y Manuel Mena, como miles de chavales de medio mundo, fueron víctimas de esas ideologías tóxicas y venenosas. En la novela digo que Manuel Mena no murió por la patria, murió porque una panda de hijos de puta envenenó el cerebro de los niños enviándolos después al matadero.”[5]

Javier Cercas es obviamente un autor que cree en la necesidad de entender las ambas partes de la guerra, como él mismo segura que es “un autor busca superar el odio y el sectarismo que se ha ido asomando una y otra vez a lo largo de la historia de España”. Justo por eso, está acusado por ser equidistante.  En la misma entrevista publicado por El Confidencial, él dice “Lo que sucede es que también hay que decir que no todos los republicanos no eran unas excelentes personas. ¿Podemos acaso decir que eran excelentes personas quienes mataron a miles de curas y de monjas a sangre fría? No creo que nadie lo pueda afirmar. Eran los canallas de las buenas causas y a la inversa: hubo gente que se equivocó políticamente, pero se equivocó de buena fe.” y continúa: “Que digan que yo soy un equidistante es una mentira malintencionada, es la postverdad. Yo nunca he dicho que los franquistas y los republicanos fueran lo mismo. El problema es que no nos hemos puesto de acuerdo sobre nuestro pasado y por esto no estamos de acuerdo sobre nuestro presente y el pasado termina siendo algo arrojadizo que nos tiramos a la cabeza.”[6]

En otra entrevista, Javier Cercas dice: “La única forma de hacer algo útil con el futuro es tener siempre presente el pasado. ¿Por qué la Transición salió razonablemente bien? Los hispanistas norteamericanos piensan que hubiese sido mejor que nos matásemos, entonces ellos podrían escribir su libro y volver a su cómoda democracia mientras los españoles nos dedicábamos a matarnos. Pero ¿por qué salió razonablemente bien y decidimos no matarnos y construir una democracia? Porque todo el mundo, desde Adolfo Suárez a Santiago Carrillo, tenía el recuerdo de la guerra. Lo de que en la Transición hubo un pacto de olvido es falso; lo que hubo fue un pacto de recuerdo. Otra cosa es que no se quisiera utilizar políticamente el pasado, como instrumento de lucha política. Ahora, ¿olvido? Ninguno. Al contrario, el pasado siempre estaba presente, y por eso salió razonablemente bien. Ahora ocurre exactamente lo mismo: estamos repitiendo lo que sucedió en los años 30.”[7]

Javier Cercas insiste en su intención de aprender de los errores que cometimos en el pasado para no repetirlos de nuevo y que España no se haya puesto de acuerdo con su pasado y tenga el pacto de recuerdo. Entonces, ¿qué posiblemente aprendieron los franquistas de sus pasados y errores? ¿Han pedido perdón? ¿Han puesto de acuerdo con sus crímenes? ¿A cuántos franquistas les condenaron por los delitos que cometieron durante la Guerra Civil? ¿Cuántos franquistas tuvieron que dejar todo lo que tenían, sus casas, sus identidades e irse de exilio a un país o continente totalmente nuevo? ¿Y los miles de mujeres que les quitaron sus niños y esos niños perdidos, huérfanos o los que tuvieron salir hacia México sin sus padres?

A pesar de su optimismo sobre la Transición, yo creo que fue un proceso demasiado injusto para los españoles que perdieron todo con la Guerra y con la dictadura y no creo que esa dicha transición haya recuperado sus experiencias y sufrimientos inolvidables. Así que no creo que haya salido razonablemente bien, salvo ellos que no tuvieron que responder por sus delitos. Tampoco creo que, como afirma Javier Cercas, que los dos bandos de España buscaran venganza y la oportunidad de matarse unos a otros. La Transición debería haber sido un proceso de la reparación a las víctimas y por la búsqueda de la verdad y la justicia sobre las graves violaciones a los derechos humanos cometidas durante la Guerra Civil (1936-1939) y la dictadura franquista (1936/39-1975).[8] Pero, como dice Vicenç Navarro, lo que ocurrió en la Transición no fue una reconciliación sino un pacto entre dos bandos sumamente desiguales en cuanto al poder de decisión. Las derechas tenían a su disposición todos los aparatos del estado, además de los medios de información, mientras que las izquierdas acababan de salir de la cárcel, de la clandestinidad o del exilio.[9]

Entonces, una pregunta que me ocurre: ¿En qué buena fé busca Javier Cercas la reconciliación con el pasado en sus obras? Viniendo de una familia franquista, ¿quizás está buscando remedio para aliviar la conciencia?

¿Qué opináis vosotros sobre Soldados de Salamina y en general las opiniones de Javier Cercas?

[1] El País Muere Carmen Franco, la única hija del dictador, a los 91 años 29.12.2017

[2] Soldados de Salamina, sinopsis, https://www.megustaleer.com/libro/soldados-de-salamina/ES0129733

[3] Soldados de Salamina, sinopsis, https://www.megustaleer.com/libro/soldados-de-salamina/ES0129733

[4] H. Riaño, Peio El negocio de Javier Cercas: el marketing de la memoria (histórica), El Español 9.2.2017

[5] Maria Iglesia, Anna Javier Cercas explota: “¿Ha quedado claro que no soy un equidistante?” El Confidencial 26.3.2017

[6] Maria Iglesia, Anna Javier Cercas explota: “¿Ha quedado claro que no soy un equidistante?” El Confidencial 26.3.2017

[7] Martin Rodrigo Inés Javier Cercas: «La Transición salió bien porque hubo un pacto de recuerdo, no de olvido» ABC.es 16.2.2017

[8] La necesidad de recordar Goethe Institut, Spanien

[9] Navarro, Vicenç Javier Cercas y su manipulación de la memoria histórica 31.12.2014

Niños de Morelia, niños de la guerra

Ezgi Özdil

Entre los temas de la guerra civil española y la época de la dictadura de Franco, me interesan más analizar y leer sobre cómo la guerra y la dictadura han afectado a los niños de España y el postrauma de la guerra.

En mi primer trabajo escrito hablé de la educación infantil durante el franquismo y cómo las dictaduras abusan de los niños para ampliar su propaganda fascista. Es cierto que los niños en contadas ocasiones han tenido un papel principal y protagonista de un acontecimiento histórico, también lo es que su presencia es una constante en guerras, conflictos políticos, dictaduras y, siempre, han sufrido directa o indirectamente los efectos provocados por dichas situaciones. No hay que olvidar que, en cualquier tipo de conflicto armado, los niños son siempre víctimas.

Los rojos de ultramar” de Jordi Soler nos introduce al tema del exilio de los republicanos, de los miles de personas que tuvieron que dejar todo lo que tenían, su casa y su país y una parte de su identidad. Vivieron y pasaron muchos años en el exilio y aunque se establecieron bien, siempre llevaban esa esperanza de volver un día a su patrio.

Dentro de esos miles de personas y familias que abandonaron España, hay algunos que quizás no tuvieron tanta suerte como Jordi Soler:  Son los niños de la guerra, los Niños de Morealia, que dejaron España sin sus padres en los barcos transatlánticos a México para iniciar una nueva vida lejos de la Guerra.

Salieron de España en un viaje que creían de ida y vuelta. Sus padres les aseguraron que sería cuestión de pocos meses. Pero la Guerra Civil se alargó de manera infernal hasta que los golpistas se impusieron y acabaron con el Gobierno de la República. Aquellos niños que llegaron a México en plena guerra fueron los pioneros del exilio republicano español. Son conocidos como los niños de Morelia, porque esta ciudad fue su destino final. Si bien se esperaba que su retorno se produjera al cabo de unos meses, cuando finalizara la guerra civil española, la derrota republicana y el inicio de la Segunda Guerra Mundial dieron como resultado un largo exilio, que para muchos se convirtió en definitivo.

El general y el presidente de México Lázaro Cárdenas ofreció acoger a 500 niños españoles y más tarde abrió las puertas a miles de refugiados republicanos que habían huido a Francia. Los requisitos eran un certificado médico y que los niños tuvieran entre 3 y 15 años. El contingente se concentró en Valencia, y procedía mayoritariamente de familias trabajadoras de esta ciudad, Barcelona, Madrid y Andalucía.

Lázaro Cárdenas y su esposa Amalia mostraron desde el primer momento un vivo cariño e interés por los 451 niños que viajaron en el Mexique desde Burdeos hasta Veracruz, donde desembarcaron el 7 de junio de 1937. Al día siguiente llegaron a ciudad de México, siendo alojados en la Escuela “Hijos del Ejército” nº 2. El 10 de junio una multitud de personas les daban la bienvenida en Morelia, en el estado de Michoacán.

Se les alojó en dos antiguos seminarios, ahora transformados en colegios para niños y niñas con el nombre de Escuela Industrial “España-México”. Aquí es donde los niños empezaron a extrañar verdaderamente a los padres y hermanos que habían dejado en España. Las niñas de mayor edad trataron de suplir estas carencias en los más pequeños.

El primer director de la Escuela fue Lamberto Moreno que fue destituido tras la muerte accidental del niño Francisco Nebot Satorres. Le sucedió Roberto Reyes Pérez. Otros niños también murieron por accidente o enfermedad y varios se escaparon de la Escuela al no poder adaptarse al régimen que había allí. El presidente Lázaro Cárdenas veía regularmente a los niños y estos hacían visitas a la ciudad de México en periodos vacacionales. Algunos niños se fueron a vivir con familiares o con antiguos residentes de la colonia española en México, otros fueron llevados a escuelas en ciudad de México.

En 1940 terminó el sexenio de gobierno del General Lázaro Cárdenas. En la Escuela el nuevo director fue Diego Hernández Topete. A partir de este momento el apoyo oficial empezó a disminuir. Con la ayuda de la antigua colonia de españoles, un grupo de niñas fueron llevadas al orfanato Divino Pastor en Mixcoax y otro, al convento de las Madres Trinitarias en Puebla. En diciembre de 1943 concluyeron para los “Niños de Morelia” las actividades en la Escuela y los que quedaban en ella fueron repartidos en varias Casas-Hogares en ciudad de México.

Algunos de estos jóvenes regresaron a España, pero el resto se quedó definitivamente en México donde formaron una familia. Aunque la mayoría de estos niños conservaron un sentimiento de gratitud hacia el General Lázaro Cárdenas, el pueblo mexicano y los españoles allí residentes, el deseo unánime de todos ha sido y es “¡Qué no haya más Niños de Morelia!”.

Según los registros, la mayoría de esos niños que llegaron desde España fueron catalanes. Uno de ellos, Joaquim Quimet García, catalán, no duda un instante cuando se le pregunta por lo mejor y lo peor de los 70 años que lleva en México. “¿Lo mejor? Haber venido. ¿Lo peor? La muerte de mi esposa y tener un hijo discapacitado”. Y sigue: “Si nos hubiéramos quedado en España no habríamos sobrevivido. Los bombardeos eran diarios en Barcelona. Vivíamos más en el refugio que en casa. Pero no es sólo eso. Nuestras familias no tenían para comer. Por eso enviaron a los hijos más pequeños a otro lugar, donde les pudieran alimentar. Fue un sacrificio de amor enviarnos a México, para que nos pudiéramos salvar”.

Quimet llegó a México con nueve años, acompañado de su hermano de 11. Hoy tiene 79, y es viudo de mexicana y padre de seis hijos: dos abogados, dos médicos, un arquitecto y un encargado de ventas. “Pude darles estudios superiores a todos”, dice con orgullo. Pensaba que cruzar el Atlántico sería como ir de colonias, por unas semanas o unos meses. “Y resulta que tardé 26 años en volver a ver a mi madre”.

Los recuerdos de Quimet adquieren mayor claridad a partir de la llegada a México, el 7 de julio de 1937. Asegura saber de memoria los nombres de los 456 niños que viajaron a bordo del Mexique. Hablador y ocurrente, el acento catalán asoma en cada frase, a pesar de que abandonó Barcelona hace 70 años y de que asegura que pasó muchos años sin hablar catalán con nadie. Estudió cinco años en la escuela de Morelia y luego en un colegio del Distrito Federal, adonde fue trasladado. No aguantó más de un año. “Me llamaban el españolito, pinche gachupín. Teníamos pleitos cada día”.

 

FUENTES:

EL EXILIO ESPAÑOL DE LA GUERRA CIVIL: LOS NIÑOS DE LA GUERRA

RELEA, Francesc: Aquellos niños, aquellos recuerdos, El País

GOICOECHEA, Elena: Los niños de Morelia: A 80 años de su llegada a México

Un manifiesto de lo olvidado: Luna de lobos

Un manifiesto de lo olvidado: Luna de lobos
Ezgi Özdil-Saha

En España se critica muchas veces, hasta hoy en día, que los españoles hayan olvidado una parte de su pasado más traumático y que no haya aprendido nada de ello. Se habla, claramente, sobre la Guerra Civil y la era de Franco.

La violencia de la Guerra Civil entre 1936 y 1939, y la represión de la posguerra que prevaleció hasta la muerte de Franco, han contribuido a la construcción de una dolorosa memoria colectiva en cuanto al pasado. Por el Pacto de Silencio durante el período inmediatamente siguiente a la época belicosa, no se podía tratar de inmediato con los escalofriantes acontecimientos sucedidos (Bultheel, Lisa; La representación del maquis en la novela española contemporánea). Y con la promulgación de la Ley de Amnistía en 1977, España oficialmente daba su aprobación para quedarse quieto ante los crímenes del franquismo.

Las guerras y las dictaduras siempre conllevan con su mismo traumas y eventos que nunca se olvidan. En el caso de España, por ejemplo, el postrauma del franquismo es un tema que se fue ignorada. La opresión en el período de la Guerra Civil y la posguerra española arrastró consigo una (re-)vivencia casi obligatoriamente tarde del trauma, porque el régimen echó tierra al mero hecho de que los maquis existieron con su Pacto de Silencio. Notable es que no son los que vivieron el horror – nuestros maquis, sus familiares, otros republicanos etc. – quienes transmiten las historias después de la recuperación de la libertad de expresión. Con esta temporalidad demorada entre el trauma original y la manifestación del trauma – o sea posmemoria –, se traspasaron los límites de las generaciones. Surgió una nueva generación que no experimentaba de manera directa los acontecimientos traumatizantes, pero sí heredaba las historias y el dolor, lo que se manifiesta en su propio sufrimiento de las consecuencias postraumáticas y, consiguientemente, en la necesidad de sobrepasarlo.

De todos modos, en el caso del maquis, los descendientes y familiares que pertenecen a esta siguiente generación, empezaron a transmitir paulatinamente esta historia – todavía parcialmente clandestina –, ubicando la figura del maquis en un contexto literario. El objetivo de dicha acción es inventar una ficción que posibilita recuperar la memoria perdida por la política del silencio. La literatura se ha demostrado un medio adecuado para obtener el gol de recordar el pasado. Por eso surgieron obras literarias con el objetivo de no olvidar el pasado al inicio del período democrático – con la caída de la censura – en España.

En este sentido, Luna de lobos es una de las primeras obras principales que introdujeron el tema del maquis español y que se dejaba analizar con la teoría del trauma porque lo que hace es recordar lo olvidado para sobrepasar los traumas de posguerra.

Cuando leía Luna de Lobos, me llamó mucha la atención su acercamiento al tema de la guerra y de los maquís y el ambiente psicológico que los rodea. No es una obra que intente glorificar la situación en que viven los maquís y sus familias, ni intente crear unos héroes de ellos. Para mi es una obra con un tono muy oscuro y duro y llega a analizar también el estado psicológico de sus personajes. Quizá es una de las primeras obras que deja todo lo mito y el heroísmo por un lado y intenta hacernos ver la realidad dura de la situación en la que vivían los maquís y recordándonos su lado humano que tiene esperanzas, lucha para vivir pero hacia el final perdiendo poco a poco su valor humano, escondidos y aislados de la sociedad y al final, huyéndose en desesperación.

Esa obra es como un manifesto, una confrontación con el pasado olvidado de un país: La historia que se desarrolla en Luna de lobos no está basado en personajes ficticios, sino en familiares del autor Julio Llamazares que sufrieron por causa de la guerra. A modo de ilustración, el protagonista se basa en su tío Ángel, militante de la Confederación Nacional del Trabajo, quien desapareció durante el período bélico. Otro personaje que desempeña un papel importante en el relato es Ramiro, quien hace referencia a otro tío suyo, un socialista que ha sido encarcelado en Argentina (Moreno-Nuño, 2006). Con Luna de lobos el autor no sólo quería contribuir a la literatura de la Transición, por lo que ha sido parte del proceso para digerir los acontecimientos personales con respecto a la guerra.

Bibliografía:

Llamazares, Julio. Luna de Lobos

Bultheel, Lisa. “La representación del maquis en la novela española contemporánea”

El papel de la religión durante el franquismo

Ezgi Özdil-Saha

El papel de la religión en la educación durante el franquismo:

Durante la historia la religión siempre ha tenido un papel importante dentro de la política y ha sido uno de los instrumentos más fuertes para los políticos corruptos (desde un punto de vista personal) para controlar y dominar un país.

España también es uno de esos países que ha sufrido del “abuso” de la religión. La historia del país se establece muy fuertemente en el orgullo de ser “católicos” ya desde los Reyes Católicos y así la religión y el fé han formado una gran parte de la imágen española. Eso es un hecho natural y quizás justificado pensando la situación entonces de todo Europa: El dominio largo del poder musúlman en las tierras europeas, el único poder y estado que no fue cristiano. España en ese punto tuvo una misión muy importante para eliminar ese gran enémigo contra el cristianismo y al expulsar el dominio musúlman en la peninsula, alcanzaron a ser el simbólo último de la victoria de los cristianos en todo el continente.

La religión no tiene la culpa en su mismo, pero es muy interesante ver cómo puede convertir en algo tan tóxico en los manos de los políticos que saben usarla ingeniosamente para engañar y oprimir a una nación. En mi opinión, el peligro empieza ya cuando en un país la relación entre la política y la religión empiezan a ser muy estrechas y la religión se convierte a ser la identidad del dicho país. Los resultados de casos similares se han visto muchas veces durante la historia y desgraciadamente sigue siendo el problema muy grande hoy en día: la opresión y el aumento de Isis, la situación actual de Turquía; un país que ya dejó ser democrático y laíco y que se ha convertido en un país pro-otomano-islámico.

El caso no fue diferente para España tampoco: La dictadura se presentó como un intento de detener la historia y devolverla al mítico origen de la nación española: los Reyes Católicos, el Imperio y el Siglo de Oro. Un estado totalitario que soñaba con recuperar su pasado imperial pretendió crear una sociedad cerrada, autárquica, corporativa y homogéneamente católica. Mirando siempre hacia atrás y en busca de este modelo, la Dictadura combinó instituciones de origen medieval y nostalgias coloniales adobadas con retórica proveniente del fascismo y del nacionalcatolicismo (Openkratia).

Claro, en un país donde se desea una nación que obecede el totaritalismo, el orden absoluto y la religión, para crear un país que “no piensa”, no cuestiona, no reacciona o no tiene voz y voto, tuvó que empezar con la reforma de la educación para crecer generaciones obedientes al sistema. Por tanto, la imposición de los valores cristianos según las pautas dominantes se hizo, prioritariamente y a largo plazo, a través de una enseñanza imbuida de un nacionalismo exacerbado y una profunda identificación entre España y la catolicidad. Bajo la dictadura de Franco, la educación no sólo estaba en manos de la Iglesia Católica, sino que también participó activamente Falange Española.

La nueva educación impuesta por el franquismo debía borrar todos los aspectos de renovación y avance educativos, además de formar leales y entregados súbditos de la nueva España que se estaba construyendo. La escuela debía inculcar una serie de valores que se pueden resumir en un exaltado patriotismo españolista, obediencia a Franco y a las autoridades. Todas las asignaturas tendrían un marcado cariz ideológico en este sentido. El segundo pilar la defensa de los valores católicos en su versión más integrista o nacional-católica. La Iglesia recuperó el protagonismo en la educación que había perdido con la Segunda República: la religión católica volvió a ser una asignatura obligatoria en todos los niveles y la institución retornó a ejercer la inspección moral de las escuelas.

Curiosamente, el franquismo no consideró nunca que la educación debía ser responsabilidad exclusiva del Estado. Las nuevas leyes educativas dejaban esta responsabilidad a la sociedad, con la ayuda del Estado. Lo que ocurrió fue la Iglesia era la única fuerza social con posibilidades para asumir la tarea docente. El Estado se desatendió y la Iglesia alcanzó un poder educativo muchísimo mayor que el que había tenido antes de la Segunda República. Esta característica fue muy particular del franquismo a pesar de su clara vinculación con el fascismo, un sistema político totalitario que hizo de la educación un pilar fundamental del control de la población.

Desgraciadamente, eso fue la realidad y el lado oscuro de la educación durante la dictadura de Franco. Para ver la gravedad de ese sistema escolar que se fue convertido en una plataforma de propagandas franquistas, aquí dejo una imagen del libro  Catecismo patriótico español  por el obispo de Córdoba, A. Menéndez Reigada:

 

 

Fuentes:

http://openkratia.blogspot.fi/2013/07/el-papel-de-la-iglesia-catolica-en-la.html

http://blogs.publico.es/strambotic/2017/09/vuelta-al-cole-franquismo/