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La memoria y la identidad en Los rojos de ultramar de J. Soler (2004)

La idea de escribir sobre la cadena generacional está inspirada en un término clave de nuestro cursillo, el de la memoria histórica. Es especialmente interesante cómo trata Jordi Soler en su obra Los rojos de Ultramar (2004) las cuestiones de generaciones y identidades distintas. Además, el autor ha profundizado los temas en varios artículos de periódicos, y a continuación haré referencia a uno de ellos también.

La identidad plural del narrador-protagonista se ve en oposición a la identidad de su abuelo, un exiliado que sigue con una identidad catalana. A la pregunta ¿Quién soy? pocas veces se puede construir una respuesta adecuada sin recorrer las historias de los antepasados. El exilio del abuelo Arcadi es un acontecimiento clave para la historia familial y para las historias personales de cada miembro de esa familia.

La cadena generacional es un fenómeno curioso por dos razones, al menos. La primera es que cada generación tiene una percepción propia que conlleva las condiciones históricas y sociales de la época en cuestión. La segunda razón es la interconexión de las memorias.

El abuelo Arcadi no tiene otra opción que huir de su país natal e instalarse en un lugar ajeno, y todo eso considera una solución provisional. Está acogido en México como El catalán. Pero opuestamente a lo que piensa, en los ojos de catalanes de Cataluña ya no es Un catalán sino Un catalán exiliado a México, y el cambio está reflejado en su habla y en sus percepciones. La memoria de él de cómo es Cataluña y la identidad que ha construído para sí mismo quedan sin base en la realidad a medida que transcurre el tiempo. En una entrevista publicada en el País (10/6/2005) afirma Soler:

“Sus hijos y nietos eran mexicanos; no reconoció la ciudad, ni siquiera el edificio en que había vivido; hablaba un catalán de ultramar, mezclado con castellano y con lenguas indígenas, que no entendían en Barcelona, y, además, había un abismo entre los Soler de México y los de aquí.”

El nieto no tiene memoria propia de cómo es Cataluña o de cómo es ser catalán allí. Efectivamente, la realidad del nieto es la realidad mexicana. Su patrimonio contiene elementos transmitidos de segunda mano por la familia. Sin embargo, no tiene memoria de estos sin el rol intermedio de los antepasados. La supervivencia y la vitalidad de la cultura humana están condicionadas por la transmisión de generación a generación. Obviamente, el proceso da ocasión a modificaciones y reinterpretaciones.

En el artículo citado arriba Soler menciona que “(…) [el poeta Eduardo Vásquez] me contó que a su tío le faltaba un brazo, como a mi abuelo. Llegamos a la conclusión de que los nietos de la guerra también somos mutilados. Es como una metáfora: esa mano que les faltaba era la España que nos faltaba a nosotros.”

La cita hace recordar que los nietos de ultramar no sólo tienen que recorrer el espacio temporal sino también el material y cultural. Parece válido plantear las preguntas: ¿Cómo es la España a que alude Soler? ¿Qué tiene en común con la España del abuelo y qué es construcción propia del nieto? Para empezar a caracterizar un país es fructuoso recordar que es múltiple, ante todo. Dentro de uno conviven varias épocas y (sub)culturas, muchas de ellas manifiestas en el entorno físico, como en la arquitectura.

Soler afirma en el País: “A medida que se hacía mayor se fue volviendo más de derechas, católico, como un santón en la selva. Yo me sentía orgulloso de ser hijo y nieto de rojos y me desconcertaba, teníamos broncas continuas. Quizá debería haber muerto en el frente… Luego comprendí que bastante había hecho sobreviviendo.”

Las dos últimas frases de la cita son significativas pensando en los temas de la identidad y de la memoria. Sin la existencia de la memoria del abuelo, ¿cómo sería la identidad y la memoria de la posteridad? Con sus palabras y con su obra Soler expresa gratitud a su abuelo de haber transmitido sus experiencias. Curiosamente, en la cita queda claro que ni siquiera la identidad de rojo tiene permanencia para el abuelo. Ello es muestra de la naturaleza inconstante de la identidad.

Fuentes:

Soler, J.: Los rojos de ultramar. Alfaguara, 2004.

Mora, R.: “Los nietos de la guerra también somos mutilados”. El País, 10/6/2005.

http://elpais.com/diario/2005/06/10/cultura/1118354406_850215.html [consultado 19/12/2016]

Los desmemoriados ya son menos

No hace mucho leí un artículo de prensa muy interesante, trataba sobre la memoria y cómo el hombre en su afán de guardar toda la información, su cerebro le falla. Cualquiera de nosotros nos agrada la idea de pensar que recordamos todo, pero lamentablemente esto no es cierto al cien por cien. El cerebro, ese órgano tan misterioso para los científicos aun en el siglo XXI, nos confunde. Según ese estudio, el cerebro no guarda toda la información sino tan solo “pedacitos”, y luego cuando tiene que recordar toda la historia esos huecos que quedan los “rellena” con información que bien puede ser ficticia o real, es decir, imaginemos la situación siguiente: el propietario de ese cerebro juguetón, quiere recordar qué hizo en un viaje a Estocolmo, en unas fechas concretas, pues la respuesta de su cerebro sería la siguiente: “estuviste en Estocolmo entre el 25 y el 30 de junio y a la respuesta de qué es lo que hiciste, como esos recuerdos no los tengo muy claros me los voy a inventar, y voy a hacerte creer que fueron verdad, porque yo tengo ese poder, ¿cómo no me vas a creer?”. A los españoles les ha sucedido algo similar con uno de los episodios más duros de su historia, están desmemoriados, no se acuerdan o no saben qué es lo que realmente sucedió entre los años 1936 y 1975 (Faber, 2010), por eso los historiadores y ahora también los novelistas intentan “rellenar” esos huecos que tan vacíos quedaron.  Volviendo al símil del comienzo del artículo, ¿cómo se completan en la actualidad esos vanos? La nueva novela sobre la Guerra Civil, que es el hecho que trato en este comentario, es un nuevo género que tiene distintos enfoques y, todos ellos los hemos visto en las novelas que hemos ido leyendo a lo largo de este curso. El modo vivencial, es quizás el que llega a más lectores, ya que el autor hace partícipes a los lectores de la trama de su novela. Ejemplos de este tipo de novela, Luna de Lobos, en la que nos adentramos en la vida de los del monte, vivimos con ellos sus temores, sus esperanzas, nos sentimos parte de ellos, parte de su grupo. Otro ejemplo que también ha pasado por nuestras manos es La voz dormida, en esta historia, profundizamos en el tema de la mujer republicana, cómo sobreviven en el país de la posguerra. También somos cómplices de ellas, de sus intentos de fuga, de las vidas de sus seres queridos, en verdad somos una sufridora más que está junto a ellas. Ambas novelas consiguen transportarnos a ese período de manera que casi lo estemos viviendo nosotros mismos. Se podría decir que este tipo de novelas son las que la mayoría de lectores lee con avidez, porque se encuentra embebido en la trama. Con el modo reconstructivo, el autor de la novela, que no el narrador, pone a prueba al lector, ya no quiere lectores tan pasivos, quiere que pongan en duda si lo que realmente escribe es facto o ficción, o quizás ambas cosas. Ejemplos de este modo los encontramos en Soldados de Salamina, donde el autor ayudado de un narrador-protagonista que busca su identidad con ciertos toques de novela policíaca, debe desenmascarar un hecho que no sabe si es cierto o no. El otro ejemplo que leímos fue Los rojos de ultramar, el protagonista quiere entender qué es lo que le pasó a su abuelo y mientras va investigando su pasado descubre un acontecimiento, que también en este caso, no se sabe si verídico o no. El lector debe prestar más atención con estas obras, puesto que el autor juega con la línea temporal y con las distintas voces. Por último, está el modo contestatario. Las novelas que usan este modo son las que intentan debatir y hacer cuestionar al lector qué es lo que se ha contado del pasado y de qué manera, es decir el cómo. Estas lecturas requieren una mente abierta por parte del lector, ya que son relatos experimentales, no son fáciles de leer, y menos si se realiza una lectura somera, muy superficial. El lector debe poner todos los sentidos mientras lee, ya que se le preguntan muchas cosas. No pretenden dar a conocer un pasado que ya se supone se conoce, sino más bien la manera y los problemas que esto conlleva. La obra que leímos que se enmarca perfectamente en este caso es El vano ayer, donde es más difícil afiliarse a un protagonista o a otro. No interesa lo que les sucedió a los protagonistas, lo realmente interesante es cómo se relató, y con ello hacernos más críticos en materia de novelas a leer, entre otras cosas.

Un último apunte a este comentario, ¿acaso nos podría pasar lo mismo que en la novela 1984? ¿Serán capaces de borrar lo que sucedió e inventarse una nueva historia en la que creer? Yo creo que no, sabemos ahora más y queremos saber más. Pero cuidado con lo que leemos, no vaya a ser que nuestro cerebro guarde esa información como memoria fiable y no sea el caso.

Bibliografía:

  • Faber Sebastiaan, 2010, LA LITERATURA COMO ACTO AFILIATIVO:LA NUEVA NOVELA DE LA GUERRA CIVIL (2000-2007)
  • Apuntes del curso

Algunas parodias y pastiches en El vano ayer

En este trabajo quiero comentar algunos fragmentos de El vano ayer de Isaac Rosa, que me llamaron la atención al leer la novela. A pesar de que hay muchas parodias y pastiches en el relato, que Rosa utiliza para cuestionar diferentes personajes de la época franquista, son tres las que me gustaría destacar: 1) El capítulo sobre el chivato o delator; 2) el pastiche de las novelas de quiosco; y 3) la parodia del Cantar de Mio Cid.

            En el capítulo sobre el chivato (pp. 74 – 80), Rosa describe magistralmente el personaje del delator en la época franquista. A través de la enumeración de sinónimos (que muestran la riqueza léxica del español), y de la definición enciclopédica de “rata”, logra parodiar el personaje del delator, de manera que lo cuestiona irónicamente: “[…] dónde está el monumento al chivato, cuándo un día nacional del chivato, el reconocimiento que merece por su contribución a la cohesión social.” (p. 74). El personaje del chivato español (delator hispanolius), que tuvo su mayor auge durante “el periodo geológico conocido como «franquismo»” (p. 78), produciéndose una verdadera epidemia de este personaje, y que proliferó en todos los ámbitos de la sociedad española. El autor formula unas preguntas respecto a este personaje con la intención de que el lector reflexione sobre ellas: ¿qué fue de él?, ¿cómo se reintegró en la vida democrática? ¿qué pasó con su hábito de soplón? Seguramente que fue un personaje primordial en el periodo franquista y sin él, la Dictadura no hubiese podido ejercer el mismo control sobre la población, pero ¿y después de ese período?… Algo sobre lo que pensar.

            Antes de hablar sobre las novelas de quiosco, creo necesario explicar la diferencia entre parodia y pastiche, para ello basta con conocer su definición:

            Parodia: Se trata de una imitación burlesca que caricaturiza a una persona, una obra de arte o una cierta temática.[1]

            Pastiche: El término se emplea para nombrar a la obra que se crea a partir de la combinación de componentes presentes en trabajos de otras personas. De este modo, el pastiche se presenta como si fuese una obra nueva y original, aunque se trata de una recopilación de elementos ya conocidos.  El autor de un pastiche, de todos modos, puede reconocer su creación como una imitación del estilo de otros autores. Al imitar algo ya hecho por otros artistas, puede existir una intención de realizar un homenaje, aunque en ocasiones el pastiche también supone una parodia.[2]

                En el proceso de cuestionamiento de los diferentes personajes de la época franquista, encontramos en la novela aquellos personajes que medraron a la sombra del régimen, que de la nada llegaron a amasar grandes fortunas. Nos pone como ejemplo el de Carlo de Lope, dueño de Carpe Editorial, e impulsor de las novelas de quiosco a mediados de los años cuarenta. Las novelas de quiosco surgieron con el propósito de crear un medio de evasión para el público: “[…] si usted quiere escribir literatura, se ha confundido de sitio. […] Lo que yo espero de usted es lo que el público demanda: aventuras, sólo eso, pura evasión.” (p. 204) Las características comunes de estas novelas eran: aventuras, detectives, tiros, mujeres malas, ambientaciones tropicales, playas, asesinos orientales…

            En las páginas 209 y 210 del libro encontramos el pastiche de una novela de quiosco que tiene como protagonista al personaje ficticio de Julio Denis, Guillermo Birón. De hecho, este capítulo junto con los dos siguientes, en los que se narra la supuesta biografía de Julio Denis (211 – 220) y el incidente de su borrachera y aventura en el burdel (221 – 241), sirven como forma de evasión al lector, le dan un respiro de la lectura de todas las calamidades y crueldades vividas por los personajes principales del relato. De esta manera podemos comprobar como la literatura puede ser un medio de evasión muy eficaz.

            El último fragmento a comentar es la parodia del Cantar de Mio Cid (251 – 264). Es una crónica histórica dividida en 10 capítulos a modo de cantar de gesta, en la que se relata, de manera irónica, la actuación de Franco desde el levantamiento militar en el 1936 hasta su muerte en el 1975. En esta parodia, Franco es un “héroe” épico, al igual que el Cid Campeador en su momento, que lucha en contra de los rojos (equivalente a los moros en el poema original), por la defensa de la fe católica y la redención final de la nación. Franco pretendía levantarse como héroe nacional y ser equiparable a los de la antigüedad.

            Rosa demuestra con esta parodia no solo su gran conocimiento de la tradición literaria española, ya que imita varios estilos y autores medievales, sino un gran ingenio para lograr una imitación irónica en la que, precisamente, sobresalen las diferencias entre esos héroes medievales y el supuesto heroísmo del Caudillo. La exaltación de la figura del dictador como un héroe medieval o su lucha por la fe, como en la época de las Cruzadas, quedan en ridículo en esta parodia tan bien lograda.

“¡Dios, qué buen vassallo,  si oviesse buen señor!” (Cantar de Mio Cid, verso 20)

“¡Dios, que buen señor,  si oviesse buen vassalo!” (Rosa, p. 252)

            Como conclusión, me gustaría comentar que me ha gustado mucho la manera en que Isaac Rosa trata el tema de la postguerra española en esta novela; y particularmente el hecho de que anima al lector a asumir una actitud crítica ante cualquier obra literaria y a ser consciente del efecto que el autor puede tener sobre el lector. En definitiva, una novela muy recomendable.

[1] http://definicion.de/parodia/

[2] http://definicion.de/pastiche/

 

El chichiltic que quedó atrapado en sus propios pensamientos

¿Qué os parece este enigmático y a la vez extraño paratexto? Enigmático, ¿no? Bien podría haber sido el título de una novela del que se define a sí mismo como escritor mexicano-catalán y un poco irlandés, Jordi Soler. Pero la verdad, tengo que deciros que es la esencia de lo que le pasó a muchos de los chichiltics españoles que tuvieron que abandonar su país, que se exiliaron por motivos de color. Y no me refiero al color de piel, eso sería para otro análisis, me refiero al color de su ideología. Los nahuas, nativos de Mesoamérica, supieron dar nombre al color que lleva el estigma del diablo, del comunismo, de los perdedores de la Guerra Civil española. Entiéndase estigma como la marca impuesta con hierro candente, bien como pena infamante, bien como signo de esclavitud. En este caso, es una marca que los exiliados llevaron tatuada cuando salieron de su país hasta el fin de sus días, pero, alguno con el paso del tiempo y al ver que el país añorado ya no era ni por asomo lo que era, fueron deslizándose poco a poco por el círculo cromático, pasando del chichiltic, al rosa, al morado, después al violeta y finalmente al matlalli. Esto mismo, es lo que le pasó al protagonista de la novela Los Rojos de Ultramar. La historia de este personaje podría ser la de muchas otras voces que realizaron el mismo camino, camino hacia la libertad, unos con mayor acierto que otros. Porque el calvario empezó nada más pasar los Pirineos…

 En Francia, primer peaje hacia la libertad, fueron encerrados en campos de refugiados. El gobierno francés no sabía qué hacer con esos chichiltics. Éstos pensaban que serían acogidos con los brazos abiertos, pero ¡ay!  qué equivocados estaban los pobres. Padecieron mil y una penurias, algunos se quedaron atrapados en las arenas de la playa de Argelès-sur-Mer para siempre, su historia se quedó hundida en las ásperas dunas. Otros a duras penas, salieron del arenal y de las mareas, para cruzar el Atlántico rumbo a México, rumbo a lo desconocido. El segundo paso, consistía en sobrevivir en un lugar extraño. Se instalaron en este nuevo destino, comenzaron a rehacer sus vidas, pero siempre mirando de reojo a esa España, tan anhelada, para poder regresar algún día. Todos creían que iba a ser temporal, que cuando se consiguiera derrocar al General Franco, las cosas cambiarían. Pasaban los años y los años, nacían los hijos, los hijos se casaban, tenían sus propios hijos, la historia había tomado su propio camino, uno nuevo, ya no era lo que los abuelos tenían planeado. Paso último, ¿hacia dónde se dirigía entonces el recuerdo de los exiliados? Al olvido, ¿tal vez?  Antes de que esos recuerdos de nuestra historia fuesen olvidados, se los llevasen las olas, era preciso plasmarlos en papel. Justamente lo que hizo el protagonista de la novela, Arcadi, y luego el escritor Jordi Soler, su nieto.

Para reconstruir la identidad de uno mismo, hace falta reconstruir la memoria. Mirando hacia atrás podremos conocernos, podremos conocer a la España del s. XXI. ¿Y qué tipo de memoria queremos? ¿Una memoria literal? Permitiendo que el recuerdo de una experiencia negativa sea la que dicte el futuro de nuestras vidas, y nos mantengamos atados al pasado, o tal vez ¿queramos una memoria ejemplar? Usando el pasado con vistas al presente; permitiendo aprovechar las lecciones de las injusticias sufridas para luchar contra las que se producen hoy en día, o quizás ¿una memoria multidireccional? Una memoria colectiva, multicultural y transnacional. Yo opto por esta última, al igual que hizo brillantemente Jordi Soler en su libro Los Rojos de Ultramar.

Por mucho que se intente dividir a la humanidad por colores, todos sin excepción, somos chichiltic, o ¿acaso la sangre no es roja?

Similitudes entre Soldados de Salamina y Los rojos de ultramar

Tras la lectura de las novelas Soldados de Salamina de Javier Cercas y Los rojos de ultramar de Jordi Soler, he observado ciertas similitudes entre ambas y en este trabajo me gustaría presentar algunos aspectos destacables. No quiero decir con esto que las novelas sean iguales, ni mucho menos, hay gran diferencia entre ellas, solo que aquí voy a enfocarme en aquello que me ha resultado curiosamente parecido.

Lo primero que me ha llamado la atención ha sido la forma en que ambos escritores describen el proceso que les lleva a los narradores-protagonistas a crear las obras; dedican una parte de la novela más o menos amplia para describir este proceso, en el caso de Cercas casi toda la primera parte y en el de Soler parte del primer capítulo. Cada escritor explica dicho proceso a su manera, pero en ambos casos, los narradores acaban convencidos de que eso es lo que deben hacer, la intención de Cercas siendo la de reconstruir un relato real de los hechos de un personaje histórico durante la guerra civil y la de Soler la de traer a la memoria el suceso perdido del exilio republicano. Otro elemento en común es que ambas tienen un narrador que es también el protagonista principal de la obra, este narrador tiene el mismo nombre que el autor en Soldados de Salamina, mientras que en Los rojos de ultramar no se menciona su nombre, aunque se sabe que se trata del autor mismo por los acontecimientos descritos en la novela, pues narra hechos autobiográficos. Por esta misma razón se consideran ambas novelas de autoficción, pues, aunque son novelas y contienen elementos de ficción, también son autobiográficas. De hecho, los narradores-protagonistas supuestamente son los mismos escritores, aunque algunos detalles sobre sí mismos son ficticios.

Otro aspecto a destacar es que en ambas hay un trabajo de investigación tipo detectivesco por parte de los narradores, a través del cual buscan la información pertinente por diferentes medios para poder relatar una historia “real”, en el caso de Cercas la historia de Sánchez Mazas y en el de Soler la de su abuelo, cuyo nombre en la novela es Arcadi. Ambos presentan diversas fuentes de información que dan mayor verosimilitud al relato, entre ellas encontramos: la inclusión del artículo del periódico sobre Antonio Machado y Sánchez Mazas, la foto de la libreta de este último, esto en Soldados de Salamina; en Los rojos de ultramar las memorias escritas del abuelo, las grabaciones, fotos, etc. Algunas de estas fuentes se pueden verificar, otras no. A pesar de esto, Cercas deja claro que los hechos acontecidos a Sánchez Mazas puede que no hubiesen sucedido exactamente de la manera en que él los describe: “Así pues, lo que a continuación consigno no es lo que realmente sucedió, sino lo que parece verosímil que sucediera; no ofrezco hechos probados, sino conjeturas razonables.” (Cercas: pg.89)

Aunque las dos novelas tienen elementos de ficción también narran hechos reales de personajes reales, como son Sánchez Mazas; Luis Rodríguez, el cónsul mexicano en Francia; el abuelo de Soler, aunque en la novela aparece con otro nombre, y toda su familia. Otros personajes son ficticios, o parece ser que podrían serlo, como Conchi o la Mulata.

También se pueden considerar las dos obras como novelas de aprendizaje, en las que se puede apreciar la evolución y desarrollo de los personajes, en el caso del narrador-protagonista de la novela de Soler desde su infancia, juventud y hasta la madurez; y en el de la novela de Cercas, toda la evolución del narrador con los diferentes sucesos que le acontecen, muerte de su padre, divorcio, pérdida de empleo…, hasta que finalmente ambos parecen alcanzar la cúspide de sus logros con la escritura de las novelas, llegando así a cumplir sus propósitos de reconstruir el pasado histórico en una búsqueda de identidad personal. Cercas lo hace narrando la historia de Sánchez Mazas y la de los soldados republicanos que lucharon en otras guerras, tal como sucedió con el personaje de Miralles, Soler narrando la historia perdida de los republicanos en exilio en el campo de concentración y su posterior vida en ultramar.

Al analizar los paratextos de ambas novelas, lo que rápidamente salta a la vista son las fotos de las portadas, las dos son fotos de un soldado, la de Soldados de Salamina es la foto de un soldado voluntario de las Brigadas Internacionales y la de Los rojos de ultramar es la foto del carnet militar del abuelo de Jordi Soler, al fin y al cabo, soldados luchando por la misma causa. Y para concluir con esta pequeña comparación de las obras decir que alrededor de las mismas fechas en que a Sánchez Mazas se le estaba “fusilando”, Arcadi estaba atravesando la frontera por los Pirineos para pasar al exilio en Francia, todo esto entre finales de enero y principios de febrero de 1939.

Por supuesto que hay muchos otros elementos que hacen de estas obras algo único, en realidad son muy diferentes en muchos aspectos, tanto de contenido como de forma. Esta ha sido tan solo una comparación sin intención alguna de agruparlas bajo ninguna etiqueta común. Lo que me ha resultado curioso es saber que Jordi Soler no había leído la obra de Javier Cercas antes de escribir la suya y aun así encontrar características tan similares en ambas.

Material de apoyo: Las notas de clase.

El papel del personaje secundario Don Fernando en la novela Voz dormida (2002) de Dulce Chacón

Dulce Chacón introduce una galería amplia de personajes en su novela Voz dormida (2002). El personaje de Don Fernando representa a la burguesía urbana, una clase social distinta de los personajes principales femeninos. Es frecuentemente aludido a su apariencia al salir a la calle: se viste de una capa española. La capa simboliza un estatus que permite ventajas y protección, pero que también coloca el peso de responsabilidades sobre los hombros del propietario. La profesión de médico es considerada como una vocación, y por esa razón dejar de ejercerla es tal vez un signo de una crisis personal. Se revela que Don Fernando ha sido testigo de una matanza, y que él va en contra a su ética como médico. Por consiguiente, opta por trabajar de contable, lo que no es adecuado para un hombre de alto estatus social.

Es introducido al lector como patrón de Pepita, quien trabaja de criada en su casa. Ella tiene acceso a un secreto familiar oculto de la vista pública para mantener la apariencia de un matrimonio sin complicaciones. Ese hecho refleja las dos cosas sagradas para la burguesía, la educación formal de sus miembros y el matrimonio. Forman las constituyentes que esencialmente garantizan la continuidad de la capa social.

El médico vuelve a ejercer la medicina, curiosamente en la cárcel de Ventas donde están condenadas las protagonistas. La prisión carece de la higiene y de metros cuadrados, y la atención médica es insuficiente en su totalidad. Don Fernando demuestra su bondad al exigir mejoraciones a las condiciones pésimas de los dirigentes de la prisión.

El personaje burgués se ubica mayoritariamente en la vida urbana madrileña. Luego, conoce a la vida carcelaria y es testigo a las condiciones en que viven las mujeres encarceladas, pero al acabar el día laboral vuelve a su propia realidad. Las dos realidades son muy lejos una de otra, y Don Fernando tiene acceso a las dos. Sin embargo, en la cárcel aparece solamente como un profesional, sigue realizando su vocación tratando a las presas.

Los personajes secundarios masculinos aún más destacados son Mateo y Jaime que forman parte de los maquis. José María Izquierdo escribe en el artículo La literatura de la generación del cincuenta y la narrativa actual de la memoria (2004) que “Se recupera en ellos [los maquis] la figura del guerrillero antifranquista desde su perspectiva de luchador resistente, pero se soslaya una valoración de su posición política e ideológica.”  Al comparar la posición de los maquis con la del médico, las dos están en fuerte contraste. El compromiso político de Don Fernando merece poca explicación a lo largo de la obra, lo que da un toque de misterio al personaje. Sin embargo, es evidente que su compromiso le trae angustia en la situación sociopolítica española. A los maquis, en cambio, sus compromisos políticos, bien expuestas en la historia, les cuestan su libertad y sus parientes.

El médico es un personaje secundario estático, quiere decir que su desarrollo personal no está en el foco a lo largo de la obra. Esto no significa que es sin utilidad alguna, considerada la obra en conjunto. El personaje de Don Fernando sirve para ofrecer “un polo” burgués a los personajes principales de la clase obrera. La relación del médico con Pepita es introducido al lector como una profesional al principio. Sin embargo, los dos personajes llegan a necesitar uno a otro por razones ligadas a la situación política de la sociedad. El médico de supuestas afiliaciones izquierdas es dependiente del silencio de Pepita, mientras que a ella le hace falta el prestigio y el poder de la familia del médico. La realidad llena de interrelaciones que construye la autora refleja cómo personas de distintas clases sociales procuran mantener sus condiciones de vida en un sistema extraordinario. El lector no sabe exactamente si a él Don Fernando le gusta o le disgusta, por un lado es un personaje que siente simpatía hacia los desvalidos, pero por otro lado protege a todo lo suyo frente a la represión franquista aprovechando su privilegio. La ambivalencia que siente el lector hacia él es bien premeditada. Refleja un conflicto en que la política, las simpatías y los vínculos interpersonales no son todo blanco y negro.

El personaje de Don Fernando, aunque tiene un papel secundario en la obra, representa rasgos que forman una parte integrada de la historia en su totalidad. Sin él, la descripción de la realidad sociopolítica, y las condiciones de las mujeres del bando vencido no sería completa.

Fuentes

Apuntes de clase 20.10. Sobre La Voz Dormida (2002) de Dulce Chacón

IZQUIERDO, José María: “La literatura de la generación del cincuenta en España y la narrativa actual de la memoria“. Études romanes de Lund, 70, 2004, pp. 77-90.

La focalización y la narración y sus papeles en la novela Luna de Lobos (1985) de J. Llamazares

La obra de Julio Llamazares cuenta la historia de un grupo de cuatro hombres durante y después de la Guerra Civil Española. Los hombres forman parte de la resistencia al ejército franquista, y por consiguiente están obligados a esconderse de la Guardia Civil en el monte leonés. El narrador “yo” y el protagonista de la novela, Ángel da la voz a un soldado republicano, huido de la persecución de los vencedores de la Guerra. La descripción de los acontecimientos y del entorno es desarrollada, por una parte, por un narrador anónimo en tercera persona. Éste se puede considerar como la mirada del protagonista también, pero no hay seguridad completa.  

 

-Mira, Gildo. Esta nuestra es una guerra perdida. Y tú lo sabes tan bien como yo.

Yo lo que sé – dice él mirándome por fin – es que Franco está al caer. Ya no puede aguantar mucho más.

 

-Yo soy él que no aguanta ya más. Estoy harto, Gildo. ?Sabes?

 

Gildo se queda un instante en silencio, mirándome. (…)

-Para vosotros es muy fácil marchar – me dice -pero yo tengo una mujer y un hijo, solos, ahí abajo. (p. 132)

 

La novela contiene bastante diálogo entre los personajes. En los pasajes de ese tipo, falta la voz del narrador, y la focalización es como la de una cámara cinematográfica, observando desde fuera a los locutores. Luego, se vuelve a tomar como focalizador el punto de vista del protagonista. El diálogo tiene por lo menos dos funciones: ofrece información sobre las relaciones interpersonales de los participantes, y al mismo tiempo, sobre datos imprescindibles para el desarrollo del enlace. La forma dialógica contribuye a hacer menos monotónica la narración. De esa manera, la diversificación de los modos de narrar es importante para mantener el interés del lector.

Llamazares opta por dar forma a los estados y a los sentimientos de los personajes de un modo estético-poético. La naturaleza tiene un papel tan eminente en la obra que es casi un personaje más, y un hecho reflejado ya en el título. Donde aparece la descripción de las fuerzas o entidades naturales, es con frecuencia narrada por el anónimo en tercera persona. En esas ocasiones, la escena está apropiada por ellas.

La fiebre va en aumento, y a mediodía, su cuerpo es ya una llama viva. Afuera, mientras tanto, un viento helado y duro muerde con rabia los piornos y las urces, aúlla en las aristas de la peña, se cuela por el estrecho pasadizo hasta el fondo de la cueva y huye de nuevo por los montes llevándose consigo el fuego helado de los ojos de Ramiro. (p. 176)

El autor hubiera podido elegir a alterar la focalización entre los cuatro hombres del grupo, o a dar lugar a la voz de los personajes secundarios. Sin embargo, la voz del protagonista Ángel como única subraya la importancia de su experiencia personal de un hombre perseguido que a lo largo de la batalla pierde los compañeros y el apoyo moral de sus familiares. La focalización desde la perspectiva de un solo personaje crea una continuidad y una armonía, y a pesar de las numerosas elipsis de la estructura temporal, el desarrollo del argumento se mantiene previsible para el lector.

La elección del narrador tiene bastante impacto a cómo percibe el lector la obra en su totalidad. El narrador “yo” ayuda al lector a identificarse con los pensamientos y emociones de él quien narra. Como la obra representa la vanguardia de la literatura sobre los maquis, se puede imaginar que el autor hubiera prestado mucha atención a los detalles constituyentes de la obra para “modificar” la percepción del público en cuanto a los personajes y a sus motivos. La actividad política de los personajes apenas se menciona, ya que no es la intención del autor de hacer comentarios sobre esa cuestión, sino dar lugar a la descripción de las condiciones casi insoportables a que se enfrentan, a las emociones que constituyen la humanidad del protagonista puesta en un compromiso y a las relaciones interpersonales de vital importancia para el protagonista. El autor ha tomado una decisión consciente al incluir algunos aspectos, mientras deja fuera otros. Lo destacable es que rechaza las dos representaciones válidas en la época de Franco. Llamazares escribe en El País (26.9.2008) en un artículo de opinión con el titular “La perseverancia de los desaparecidos” que el personaje de Ángel tiene enlazos a la vida real, más concretamente al tío del autor. Queda claro en el artículo que el autor rinde homenaje a la memoria de su tío y los que han sufrido su destino a través de escribir su obra ficticia. El modo de contar la historia mediante la perspectiva de Ángel también rinde homenaje a su experiencia y da ocasión al lector de entrar en el mundo de él.

Fuentes:

Llamazares, J. (1985) Luna de Lobos.

Apuntes de clase 06.10.2016

Llamazares, J.: “La perseverancia de los desaparecidos” . El País, 26.9.2008.