La grieta, proceso de creación

La grieta es una obra creada por el fotógrafo Carlos Spottorno y el reportero Guillermo Abril. En el año 2013 un barco naufraga en la isla italiana de Lampedusa con 368 inmigrantes a bordo (Pizzoli 2018). Este hecho crea una alarma en Europa. Algunos medios de comunicación se interesan por el tema y así empieza el inicio de la creación de la obra La grieta, en este análisis vamos a ver su proceso de creación.

La tarea inicial consistió en realizar un reportaje sobre la presión migratoria alrededor de las fronteras de Europa para el periódico El país semanal. Para ello, el reportero Abril contó con la colaboración del fotógrafo Spottorno y se embarcaron en el primer viaje con destino a Melilla a finales del 2014, la frontera sur de Europa. Allí vieron la triple valla de más de seis metros de altura cubierta de concertinas (Spottorno y Abril, 2016: p17-19). Además, conocieron el CETI, el Centro de estancia temporal de inmigrantes y describieron la situación de los inmigrantes que entran sin documentación a España, los cuales, si son atrapados por la guardia civil son devueltos a Marruecos, y si no, obtienen una orden de expulsión en la comisaría de policía que casi nunca se cumple. Así empieza el primer viaje y el primer reportaje. Seguidamente, viajaron a Marruecos para conocer de primera mano la situación de los migrantes desde la otra parte de la frontera. El segundo reportaje fue un rescate de una patera frente a las costas de Libia. Carlos y Guillermo decidieron que querían continuar con el trabajo no solo a nivel periodístico, sino que querían crear un libro que tuviera la mayor difusión posible, para mostrar a los europeos que en realidad no nos conocemos, mucha gente desconoce el tipo de fronteras exteriores que tenemos, como Melilla o Kaliningrado.

Por ello, el fotógrafo Spottorno decidió pedir la Beca Leonardo (Fundación BBVA) y presentó un proyecto que consistía en realizar el resto de trabajo en el norte de Europa después de haber visitado las fronteras del sur. Los medios de comunicación estaban en crisis y querían ver qué pasaba también en el norte, por eso necesitaban ayuda económica. Estas becas respaldan a investigadores y creadores culturales, proyectos innovadores que estando en estados intermedios de su carrera, entre los 30 y 45 años, precisan de tiempo y soporte económico para desarrollar un proyecto. Las becas ofrecen seguridad económica, flexibilidad y libertad para elegir proyectos. A través de la beca Spottorno y Abril pueden continuar con el periodismo de acción en el verano del año 2015, obtienen imágenes que no se veían desde la II Guerra Mundial, el éxodo de los Balcanes, ahí empieza la segunda parte de La grieta. Así sucesivamente visitaron otras fronteras situadas en Bulgaria, Estonia, Finlandia, entre otros países.

Pero ¿qué es La grieta? Es una obra es difícil de definir, tiene un formato innovador, no es el típico cómic de aventuras que leen los niños, también llamado tebeo, de hecho, la palabra cómic viene del inglés y significa gracioso, sin embargo, los cómics empezaron a producirse como protesta política en la época del Imperio Romano, se publicaban anónima e ilegalmente. Además, los primeros cómics eran una imitación de los jeroglíficos egipcios o códices mayas donde se mezclaba texto e imagen en una secuencia de lectura, convirtiéndose así en viñetas de sátira política. (Raffino, 2019). A finales del siglo XX se empezó a denominar novela gráfica estando dirigida a adultos.

La idea de los autores era hacer un libro aséptico, con la misión de decirle a todo el mundo que Europa se está rompiendo, por tanto, no es un fotolibro -que está dirigido normalmente a un público muy reducido-, tampoco querían una fotonovela que consiste en una narración sentimental con personajes estereotipados, por eso decidieron crear una novela gráfica basada solamente en fotografías, creando un lenguaje totalmente innovador. El proceso habitual de la creación de una novela gráfica es a través de una narración donde posteriormente el dibujante dibuja, pero en este caso el proceso de creación era inverso ya que la base, 15 libretas de notas de Guillermo y 25.000 fotografías de Carlos, ya existía. De este material utilizaron en la obra 755 fotos y 3 fotogramas de vídeo, además de las viñetas escritas por Guillermo.

En la primera parte del libro se utilizan las cajas para poner al lector en contexto contando las razones que llevaron a la creación de Europa y los sucesos posteriores, (Spottorno y Abril, 2016: p 6-13) Estas cajas cuentan de forma cronológica las memorias compartidas de los autores escritas en forma de diario a través de los acontecimientos que iban viviendo a través de sus viajes (2016: 17 – ), en ellas utilizan normalmente el verbo en segunda persona del plural (nosotros), aunque en pocas ocasiones utilizan la primera persona (yo). Su objetivo es nutrir la memoria de los lectores a través de información objetiva, contar sus vivencias con ayuda de mapas para que el lector esté situado en todo momento. A través de las fotografías que son publicadas en blanco y negro y pintadas posteriormente, las cuales, permiten perder el carácter realista de las mismas para que el lector no las interprete, de esta manera, transformando las fotos como una ilustración parece que estemos leyendo un cómic. Por otra parte, no todas las fotografías necesitan un cuadrado con información, ya que la fotografía tiene el impacto visual atractivo donde transmite información por sí misma. Se añaden cuadrados cuando se desea poner al lector en el contexto histórico al principio del libro, para recordar esa memoria común, y más tarde, para narrar lo que los autores están viviendo y ven con sus propios ojos.

El título de la obra es llamativo, refleja muchas grietas en una, como vemos en la fotografía, (Spottorno y Abril 2016:159). De una grieta salen otras pequeñas grietas como la crisis de los refugiados, el cierre de las fronteras interiores de Europa, la caída de los acuerdos de Schengen, el auge del nacionalismo, el Brexit, el auge de los populismos, todo esto representa fisuras que recorren Europa. Esta obra es una llamada de atención, o Europa actúa en bloque o desaparece. «La especie humana necesita trabajar unida. Nos enfrentamos a desafíos ambientales impresionantes: el cambio climático, la producción de alimentos, la superpoblación, la desaparición de otras especies, las enfermedades epidémicas, la acidificación de los océanos». Y «para hacer eso, necesitamos romper las barreras dentro y entre las naciones, no construirlas». (Hawking, 2016).

Lo que empezó como una idea de reportajes en 2013 se transformó en varias publicaciones en el periódico El País semanal y posteriormente se amplió el trabajo gracias a la Beca Leonardo produciendo una novela gráfica única publicada en el año 2016, con fotografías tratadas y viñetas sin personajes, donde los autores son los que narran y cuentan sus vivencias en primera persona y con un título que llama a abrir el libro: La grieta.

 

Fuentes:

 

Las letras siempre vuelven

Entrevista a José Antonio Ruiz

Autora: P. Ivorra 25.4.2019

Es jueves por la mañana, hoy he quedado con José Antonio Ruíz para hacerle una entrevista en la cafetería de la universidad de Helsinki. Hace un día soleado, parece que se acerca el verano. Llego puntual y mientras espero, repaso las preguntas que he preparado para hoy.

 José fue mi profesor en el curso de Comunicación II en la carrera de Filología Hispánica. Tengo muy buen recuerdo de sus clases ya que eran muy dinámicas, divertidas, además de útiles y orientadas al mundo laboral.  Preparando la entrevista descubrí que José además de estudiar Filología Hispánica ha colaborado en la creación de libros para aprender español, como ¡Acción!, además ha escrito el cuento Los gansos (La Guarida Ediciones, 2016), editado por David Pintor, también ha publicado cuentos en Antologías, dos de ellos en finlandés.

Un minuto antes de las 10 lo veo entrar, va con camisa veraniega de manga corta, nos saludamos y hacemos cola para pedir un café. Le pregunto si quiere que le hable de usted, pero prefiere que lo tutee. Saco mi lista interminable de preguntas y empiezo a disparar. A través de las preguntas descubro que su afición por las letras empezó en parvulario, cuando en las clases de música les mandaban escribir y para él era una tarea fácil mientras otros alumnos no sabían por dónde empezar. Unos años más tarde, en la adolescencia decidió que su futuro estaba entre la filosofía y la literatura, pero por cuestiones familiares acabó matriculado en la carrera de Arquitectura Técnica, aunque al mudarse a Finlandia quiso volver a retomar el estudio de las letras en Helsinki.

En tierras nórdicas desempeñaba dos trabajos ya que no recibía ninguna beca para estudiar, daba clases de español y trabajaba en un almacén de fruta y verdura mientras cursaba los estudios de Filología Española. Allí conoció al típico macho man finlandés y a gente trabajadora que culpaba a los demás de los problemas que pudieran tener, gente atascada en su día a día, incapaces de tener entereza para tomar decisiones y así coger las riendas de sus vidas. Esta experiencia le sirvió para escribir Los gansos. Sus obras las redacta mientras escucha música power rock o indie. Hay muchos temas que le interesan a la hora de escribir, por ejemplo, la inseguridad laboral, las relaciones personales, la crisis de mediana edad, entre otros temas serios. José explica que todos los temas se solapan en sus textos, por otra parte, considera importante contar historias a través del humor para rebajar la tensión. Le gusta mezclar lo real y lo fantástico, señala que toda ficción bebe de la realidad. Para él lo importante es que el lector tenga una experiencia positiva.

Le pregunto sobre la migración, es el tema por el cual le hago la entrevista ya que estoy estudiando en un curso de migración y a José el tema le interesa, pero no ha escrito sobre ello, aunque afirma que en sus obras trata el tema. Por un instante pienso que debería ahondar más en el tema y preguntarle sobre su experiencia personal como migrante, pero sabiendo que lleva aquí 22 años viviendo me parece que ya habrá oído suficientes veces la pregunta: ¿porqué te mudaste a Finlandia?, pienso que no es necesario recordarle a alguien que es extranjero todo el tiempo, y como ha dicho que trata del tema en sus obras lo mejor es ponerse a leerlas y descubrir el tema a través de ellas, como en el microcuento La historia de la carretera que cuenta la historia de un chino en un autobús con un final sorprendente. -José ha cedido este microcuento y otras obras para publicarlas en el blog-.

A través de la entrevista percibo que el profesor y escritor está totalmente adaptado al país, tiene familia y trabajo aquí, aunque reconoce que echa de menos España y una gran ciudad como Madrid, destaca lo bien que funcionan las cosas en Finlandia. A pesar de que muchos escritores en Finlandia reciben becas si escriben en finlandés o sueco, él al escribir en español no tiene derecho. Cuenta que ha versionado unos cuentos del español al finlandés, aunque todas sus obras las escribe en castellano. Por otra parte, reconoce que para tener éxito no es necesario escribir en tu lengua materna, como por ejemplo Joseph Conrad de origen polaco y Vladímir Nabókov de origen ruso que escribían en inglés. A la hora de publicar, José cuenta que ha tenido suerte ya que la primera vez que publicó fue una propuesta de un editor. Explica que depende de si la compañía que publica la obra es más o menos grande, la distribución es mayor o menor. Por el momento, José no tiene pensado publicar electrónicamente, prefiere el papel.

Continuamos con las preguntas… La última obra que ha leído es de Patricio Pron: Lo que está y no se usa nos fulminará. Sus autores favoritos además de Patricio Pron son Julio Cortázar, Raymond Carver, Richard Ford, Fiódor Dostoievski, Miguel de Cervantes y el escritor de cuentos Antón Chéjov. Por otra parte las obras que destaca son El Quijote, el Lazarillo de Tormes, Crimen y castigo y Bestiario. José piensa que hay diversas maneras de formarse como escritor, la más habitual es ser autodidacta, sin embargo, también considera que es bueno asistir a talleres de escritura para formarse académicamente. Él disfruta escribiendo y enseñando, le encantaría dar clases de literatura que su verdadera pasión. Ahora ya no enseña el curso de Comunicación II, en el cual, lo tuve como profesor. Añade con morriña que cuando un profesor enseña a un nivel avanzado después es difícil bajar de nivel.

En estos momentos sigue enseñando español en Centro de Idiomas de la Universidad de Helsinki y está terminando su próxima obra, la cual, si todo va bien, será publicada en los próximos meses.

Mi café ya está frío, pero no importa, me ha inspirado descubrir a una persona que emigró por voluntad propia de un país europeo a otro, aprendió un nuevo idioma, trabajó en diferentes sitios para poder estudiar y ahora tiene un trabajo que verdaderamente le gusta y lo combina con otro, el cual, lo considera un placer: escribir. ¿Qué más se puede pedir?

 

 

La prosperidad del alambre de espino – Autor: José Antonio Ruiz

Sigue siendo un misterio que llegara a X cuando en realidad él se dirigía a Y. Lo fácil sería pensar que se equivocó de tren, o que se quedó dormido y el tren realizó un cambio de vía no contemplado en el trayecto. Alguien de imaginación audaz acaso se dirá que debió de perder la memoria, que se golpearía la cabeza al salir, trastabillado, del coche-restaurante —las copas de más, el talud de la cordillera, el vértigo de mirar las traviesas—. Pero es inútil buscar una explicación sencilla. Simplemente no hay explicación. Quizá porque esta historia se parece demasiado a la de cualquiera.

Con ese aire indefenso tan común en las estaciones de ferrocarril, nuestro héroe corría de un panel informativo a otro, cotejando letreros, preocupado por encontrar su andén. Se marchaba. Como nos hemos marchado todos alguna vez. Aún puedo oírlo improvisando argumentos —como quien consulta con la almohada— con la máquina expendedora de café. Cuánto coraje hace falta para tomar cualquier decisión, cuánto le temblaba la voz al oprimir el botón del café capuchino. Después lo veo caminar por el andén, sacando el billete manoseado y húmedo, cerciorándose una vez más. Sí, sí, este tren se dirige a Y. ¡Viajeros al tren!

Valor, se dijo el héroe al entrar en el vagón de segunda, sosteniendo en alto el billete, buscando su asiento. ¿Acaso no podría ser éste su número de la suerte? Dejó la única maleta en el portaequipajes y se sentó junto a la ventanilla. En la maleta llevaba una muda limpia, un cepillo de dientes y un muestrario de alambre de espino. Porque él creía en el futuro, y en el alambre de espino. El vagón se llenó de pañuelos blancos, de manos, de aceleración. Después se oyó el sollozo de una mujer, o quizá un bostezo, y el crujido de unos asientos viejos y achacosos, tapizados de fantasía en algún sótano de extrarradio. En el andén quedó el bochorno, y los bancos vacíos, y un niño que perdía echándole una carrera al tren. Nuestro héroe apoyó la cabeza en el cristal y se despidió de nadie.

Más tarde, al quedar atrás los suburbios y las fábricas, allí donde las casas se escondían ahora entre coníferas y menudeaban las vacas, llegó la cantinela del revisor pidiendo los billetes. Avanzaba por el pasillo con el paso renco, sorteando los cazamariposas de las niñas y los resfriados del aire acondicionado. Qué bien las ciudades de veraneo, los aguijones de las abejas, las faldas de las montañas. Billetes. Billetes. Y es final de trayecto, sí, señor. Yo calculo que llegaremos en tres horas. Y el revisor que marcaba con dos agujeritos, como el mordisco de un vampiro, el billete del héroe. Horas más tarde, con algo de retraso, el tren se detenía en X sin ninguna explicación.

Era una tarde cálida, de isobaras benignas y renacuajos en las charcas. Los viajeros bajaban del tren, cargando sus bultos, a reunirse con los suyos. Había abrazos y risas en el andén, y confeti al fondo, y una niña que jugaba a la rayuela. Se vacían de gente los vagones, se llenan de silencio. En un compartimento privado alguien olvida un puñadito de tierra, mientras el último camarero recoge vasos muertos de risa en el coche-restaurante. Adiós a la estación. Todos quieren ir a casa y estar rodeados de un olor familiar, ojalá que a torrijas. El fin de semana, si hace bueno: Pues bueno, te llevo al teleférico. Sílbame un taxi.

Los viajeros abandonan la estación y se pierden. Más tarde se cruzan, o se encuentran en éste o en otro tren. Unos se recuerdan y hacen un gesto ambiguo, un saludo con cierta reserva, y piensan eso de que el mundo es un pañuelo.

Nuestro héroe también ha bajado del tren. Está en X y no se queja. Además, tampoco puede decirse que le haya ido mal aquí. Más bien todo lo contrario. Se ha casado con una mujer de manos finas y delicadas, con una sonrisa sincera y un alegre vaivén para cruzar las calles. Tienen una hija de pocos años. La niña, pizpireta, reniega de las coletas los días de fiesta. Siempre anda saltando a la comba, o subiendo a los manzanos; no hay manera de que se esté quieta la niña, de que sus rodillas no estén rasguñadas. Es un trasto, sonríe la mujer de nuestro héroe. Qué bien recita ya la tabla del siete, dice él, viéndola corretear por el jardincito del chalé adosado.

Por si fuera poco, el alambre de espino ha florecido en las tapias. Trepó primero la pared del cementerio. Luego lo vieron subir a las cancelas de las casas solariegas y bordear el recinto del colegio. Las urbanizaciones de chalés adosados lo acogieron también con esperanza: Qué buenas propiedades las de este alambre, cuánta confianza inspira, se oía decir por sus calles hospitalarias. El suyo es un negocio próspero. Le ha ido bien X, no hay duda.

A nuestro héroe le gusta despertar temprano, cuando todos duermen y el sol aún no aprieta. Silbando alguna melodía, riega entonces las gardenias que florecen cada primavera en el jardín. El héroe y su mujer se llevan bien. Yo creo que se quieren, aunque a veces estas cosas se olvidan con el tiempo. Quince años de casados no los cumple cualquiera, le felicitan los vecinos, afables, en la cola de la pescadería. Mañana también calor. Mañana no deje usted de ir a la feria. Un espectáculo. Todo un espectáculo, le dicen también.

Qué bien le han recibido todos en X, con los brazos abiertos. Qué amable y servicial es la gente de aquí. Basta que haga falta cualquier cosa para darse cuenta. Sal, un huevo, casi no hay ni que pedirlo. En Y, quién sabe cómo será la gente, se dice nuestro héroe. Tal vez los ciudadanos de Y sean ariscos y taciturnos y no reciban bien a los forasteros. Allí no será tan festiva la bocina del camión de los helados, ni se cubrirán de púrpura los árboles en otoño, ni habrá ferias de este relumbre. En Y, tal vez sean tristes los letreros. Nuestro héroe piensa en estas cosas, en Y, mientras riega las gardenias; los remordimientos acechan desde el fondo de la regadera.

El héroe y su mujer son felices, ¿no es cierto? Él podría pasar horas contemplándola, la vida entera. Nadie cree en él cómo cree ella, nadie recoge con esa gracia las hojas caídas en la hierba. Si él se lo pidiera, la mujer se despertaría temprano para prepararle el café. No lo dejaría solo silbando a las gardenias. Solo en la cocina, con la resistencia del tostador. Un día bizcocho, otro tortas de anís. Hoy, pan frito. Ella lo haría encantada, con todo el amor del mundo, ¿no es así? Lo despediría en la puerta con un beso, como hacen tantas otras esposas. Adiós, cariño, no trabajes demasiado. Pero él no se lo pide. Él la deja dormir. Porque en esos ratos que pasa a solas —en la cocina desierta, en el jardincito de las gardenias— nuestro héroe piensa en Y. En la mesa, sí, está abierto el muestrario del alambre de espino, y él lo estudia con naturalidad, como un hombre que se va al trabajo. Pero cuando hierve la cafetera, con el ruido antiguo de un tren de vapor, a nuestro héroe le asaltan los remordimientos. ¿Por qué la felicidad no basta?

Él sería dibujante en Y. Un gran dibujante de cómics. Qué bien se le daba el dibujo en el colegio, con qué afán llenaba las cuartillas: una granada de mano, un biplano de acrobacias, una heroína enjaulada. Cuánta admiración y cuánta envidia despertaba entre sus compañeros de clase. Dibújame un pez volador, tú.

El héroe piensa en su vida en Y, se pregunta cómo será. Tal vez en Y lo despidan con un beso en la puerta. O tal vez allí no tenga ni esposa ni hija y sea soltero. Quién sabe. Quién puede saberlo. Las mañanas más lúgubres —porque en X también hay mañanas así— piensa en aquel viaje en tren ya lejano y también él intenta encontrar alguna explicación, el túnel en el que se debió de quedarse dormido, el traspié y el golpe fatal en la cabeza. ¿Estaría esperándolo alguien en la estación?

Ahora, en este preciso instante, debe de estar lloviendo en Y. La gente abrirá los paraguas o se refugiará en algún café o… ¿Qué hará la gente? ¿Cómo será esa ciudad? Nuestro héroe se dice que uno de estos días piensa averiguarlo. Comprará un billete de tren e irá a visitar la ciudad. Uno de estos días. Mañana mismo, quizá. Pondrá en la maleta la muda limpia, el cepillo de dientes y el muestrario de alambre de espino. Un día de estos, cualquier día. Cómo no desear que le salga todo bien.

 

José Antonio Ruiz

 

 

Cuatro microcuentos cedidos por José Antonio Ruiz

Un ángel caído

El ángel Guillermo nos adoctrina desde su silla de ruedas. La luz de la luna se refleja en sus alas con un brillo plateado.

Todos miramos fijamente la sombra que su sombrero de paja proyecta sobre los suaves rasgos de su rostro y oculta sus ojos.

Su voz telepática restalla en nuestras cabezas, mientras alguno de los críos se sitúa al borde de la azotea y salta al vacío, batiendo los brazos. Cuando esto sucede, noto un débil cambio en el tono de su habla, una excitación singular, y creo que sus alas tetrapléjicas se agitan ligeramente.

Casualidades

Andaba con los bolsillos llenos de casualidades. De cuando en cuando sacaba una para combatir la monotonía.

Así, por casualidad, tropezó 273 veces con la misma persona, en la misma esquina, durante un solo día. Por casualidad, comenzó a trabajar en un local clandestino en el que se entrenaban gallos de pelea, fue allí donde, casualmente, conoció a la mujer de su vida. Y también por casualidad, una bala perdida acabó alojándose en su corazón.

Envidia

Dijo: tu dibujo es feo y bonito el mío. Entonces le clavé mi pintura Festival en el ojo. Atravesé el iris azul y removí en círculos.

Al tirar de la pintura, el ojo se quedó clavado en ella y los nervios arrancados asomaron por su cuenca sangrante.

Le guardé el ojo en un bolsillo de su hermoso babi de cuadritos blancos y verdes y restregué mi pintura en él, para limpiarla.

Ayer, aquel niño consiguió el récord mundial de victorias consecutivas en concursos de pintura rápida, pero yo conservo los dos ojos.

Historia de carretera

En el autobús un chino se sentó delante de él. Se quedó mirando su cabello, sorprendido. Nunca había visto un pelo tan negro ni tan tieso.

El chino llevaba una chaqueta oscura, de grandes hombreras que ensanchaban su espalda, cubierta por un copioso sarpullido de caspa.

De repente, algo le sorprendió: una hormiga, salida de quién sabe dónde, apareció en el hombro derecho del chino y caminó con determinación hacia la base del cuello. Escaló los granos de caspa, subió por el cuello amarillento y desapareció en la frondosidad del cabello, a la altura de la nuca.

Ningún dedo rascó en busca del insecto. El se preguntó si tal vez no estaría allí la entrada de algún hormiguero.

Melilla, el último salto

Ceuta y Melilla son dos ciudades españolas situadas en África que por su localización representan la frontera del sur de Europa. Melilla fue la primera ciudad en la que el periodista Guillermo Abril y el fotógrafo Carlos Spottorno empezaron su investigación sobre la migración en las fronteras europeas.

Melilla junto con Ceuta son dos ciudades españolas situadas en África. Melilla es una ciudad pequeña de unos 12 kilómetros cuadrados que se puede recorrer de punta a punta caminando durante treinta minutos. Y yo me pregunto, ¿por qué esta ciudad es española si está en África?, ¿Por qué no pertenece a Marruecos?

Gracias a la historia podemos saber que las ciudades de Ceuta y Melilla son españolas desde mucho antes de que existiera Marruecos, a pesar de que muchos marroquíes piensan que son ciudades expoliadas, en realidad estas ciudades tienen una historia paralela a la historia de España. Los fenicios fueron los que crearon las bases en la península, así como en Melilla crearon una colonia comercial llamada “Rusadir”, por otra parte, los griegos ocuparon Ceuta. Ambas ciudades ayudaron por medio de operaciones navales a cartagineses y romanos en las guerras púnicas. Las dos ciudades pasaron a ser romanas; Melilla, que antes se llamaba “Flavia” en el año 46 d. C. era un puerto importante y Ceuta “Septem Frates” en el año 40 producía salazón de pescados que comercializaba con la península. En ambas ciudades entra el cristianismo al mismo tiempo, el cual se mantiene incluso durante las invasiones africano-musulmanas. Melilla fue totalmente destruida por las guerras y era una ciudad en ruinas hasta que en el siglo XV fue reconstruida desde cero por los españoles. En resumen, podemos afirmar que Ceuta y Melilla forman parte de la historia de España.

Desde sus orígenes Melilla ha crecido amurallada y con la posición de defensa, pero desde 1998 una valla de 12 kilómetros separa a Melilla de Marruecos, la valla se ha ido reforzando y Más aún cuando España entró en la Unión Europea. Para mejorar la seguridad en las fronteras España ha recibido ayudas, solo en 2014 recibió 33 millones de euros para la ampliación de la valla. A pesar de las diferentes inversiones y los metros añadidos, miles de inmigrantes logran saltar la valla sin demasiados problemas, podemos ver fotografías en el cómic “La grieta” (páginas 19, 20 y 27) donde se muestra cómo una valla hecha a prueba de atletas es franqueable rápidamente.

Pero ¿quiénes son estas personas que intentan entrar en Europa?, ¿de dónde vienen? y ¿quién les ayuda? En el cómic “La grieta” podemos ver que la mayoría de los inmigrantes son subsaharianos. Además, también ha habido un éxodo de sirios a raíz de la guerra en Siria y muchos de ellos tienen que pagar a las mafias para poder pasar Egipto y Marruecos antes de cruzar a España. Para estos largos recorridos los inmigrantes son ayudados por los “facilitadores”, los cuales son contrabandistas de personas. Los “facilitadores” establecen una ruta, cobran una tarifa y se encargan de los sobornos en las fronteras. En muchas ocasiones no solo hay que pagar a las mafias, sino que se sabe que hay personas que han huido de sus países por conflictos bélicos y llevan todo su dinero encima. Muchos sirios son atracados en Marruecos o incluso en Melilla y por ello suelen ir en grupo y evitando salir por las noches. Desde el CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes) explican que a los sirios les cobran los “facilitadores” entre 300 y 400 euros por adulto y 1700 euros por bebés.

Una vez llegan a una comisaría española los inmigrantes pueden pedir asilo político y a partir de ahí empezar una nueva vida.

Es una lástima que en los medios de comunicación no se muestre el trabajo de estos centros de acogida como el CETI, donde una trabajadora social explicaba: “todo está limpio, la gente está relajada y se puede reunir a familias que estaban separadas” … “además hay niños jugando en espacios comunes y lugares para el ocio” (Ángel López Soto, 2016).

Este mes de marzo el ministro de Interior Fernando Grande-Marlaska ha declarado que el gobierno retirará la tercera valla y las concertinas, así como la tercera valla tridimensional instalada en 2005 durante el gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero, a cambio se aumentará la altura de la otra valla para garantizar una inmigración legal, segura y ordenada.

A través del cómic “La grieta” he podido ampliar la visión sobre la inmigración en Europa y también los posibles efectos que ésta puede traer, como la desfragmentación de la Unión a través del Brexit y el aumento del racismo, aunque es una lástima que hechos externos que suceden fuera de Europa nos destruyan y nos debiliten en vez de propulsar y desarrollar los valores que todos los países europeos compartimos como la solidaridad, el respeto a la vida, la ayuda al próximo, la igualdad, el bienestar y la paz.

 

Fuentes:

Pepa

 

 

 

“La fila india” de Antonio Ortuño

Antonio Ortuño es un escritor mexicano, nacido de inmigrantes españoles en Guadalajara en 1976. Fue un excelente estudiante, aunque abandonó los estudios. Ha sido reportero, editor y actualmente es jefe de redacción del periódico Milenio. Ortuño ha publicado varias novelas, ensayos, relatos y cuentos. Su primera obra, El buscador de cabezas (2006) fue elegida por la prensa mexicana como la mejor primera novela del año. Un año más tarde publicó Recursos humanos (2007), por la que fue finalista al Premio Herralde. Su cuarta novela publicada fue La fila india (2013), una novela compuesta por 44 capítulos. En el año 2017 fue ganador del V Premio de narrativa breve Ribera del Duero y en 2018 ganó el Premio Bellas Artes de Cuento Hispanoamericano Nellie Campobello. Su obra ha sido traducida al inglés, francés, italiano, alemán, rumano y húngaro.  Antonio Orduño pertenece a la “Generación inexistente”, la cual son escritores mexicanos nacidos a partir de los años 70 y con vocación de escribir de otros países diferentes a México, así como utilizar un estilo de confrontación y violencia.

La fila india” trata del viaje en tren de unos migrantes de diferentes países que necesitan pasar por México para conseguir su sueño de llegar a los Estados Unidos de América. La novela tiene una estructura poliédrica ya que tiene diferentes puntos de vista de los personajes, por ejemplo, en los capítulos del Biempensante el narrador es el ex de Irma, en cambio, en los capítulos de La Negra, la narradora es Irma. Además en otros capítulos el narrador es omnisciente. La focalización interna está en varios personajes, como Irma o el Bienpensante, así el lector puede ver los hechos desde diferentes puntos de vista. La narrativa es cronológica ya que primero plantea la historia en Santa Rita y se va desarrollando a traves de los actos violentos a los migrantes y el desenlace es la venganza de Yein y la huída de Irma con su hija.

El argumento se desarrolla en Santa Rita, México, unos migrantes descansan en un albergue antes de continuar su viaje y un incendio es provocado, con lo que mueren cuarenta personas y otros tantos heridos, entre ellos Yein, que viajaba con su marido. Durante el viaje fue violada y en el incendio se quedó viuda, aunque ella logró salir con vida. A la ciudad es enviada Irma, ya que su predecesora fue misteriosamente asesinada. Irma, llamada “la Negra” es el personaje principal de la novela, ella es una socióloga encargada de consolar a las víctimas del ataque. Irma trabaja en La Comisión Nacional de Migración (Conami), ya no está con el padre de su hija Irma, el Biempensante, que reprocha a su ex haberse llevado a su hija tan lejos a pesar de que él le pagó los billetes para ir a Disneyland, pero para Irma el trabajo era importante porque su ex no le pasaba la pensión. Durante su estancia en Santa Rita Irma se lía con su vecino y compañero de trabajo, Vidal, en el cual confía. Al final Yein consigue vengarse de los buitres que la dejaron viuda, pero al final Vidal la traiciona y la mata, así como a tantos otros. Más tarde se descubre que Vidal y el Delegado estaban compinchados con los polleros para traficar con personas y obtener dinero a cambio. Irma consigue escapar de la ciudad con su hija y vivir la vida que le hubiera gustado a Yein.

En segundo plano se encuentran otros personajes como el periodista Joel Luna, el cual sospecha de la implicación de los funcionarios en los ataques, también “el Morro”, con cara de niño, controla una red de mafia de personas.

El tema de la novela es la denuncia social sobre la migración, la violencia y la corrupción a todos los niveles que existe en México. También es la voz de todos aquellos inmigrantes que han muerto durante en camino hacia la libertad. Por otra parte, destaca el racismo tan grande que tienen los mexicanos para diferenciarse de los centroamericanos, a los que se consideran inferiores, aunque los norteamericanos no sepan diferenciarlos. También el texto destaca que los españoles son racistas con los sudamericanos excepto con los mexicanos y argentinos.  En cuanto al lenguaje, Orduña utiliza un lenguaje coloquial, violento y en ocasiones asqueroso. A veces el texto ha sido difícil de leer por la agresividad verbal de los sucesos. También existen muchas expresiones típicas de México, por ejemplo: “está muy güero” (página 154) o “rocola de monedas” (página 189), además hay palabras que en España tienen un significado distinto al que tienen en México, por ejemplo, el verbo “coger”, en España significa tomar algo y en México significa tener relaciones sexuales.

Por último, me ha parecido muy interesante el título de la novela “La fila india”, que describe muy bien el camino del sur al norte que los inmigrantes han de pasar para llegar a EEUU, también la fila jerárquica que existe en los trabajos, la fila en la burocracia, la fila india donde los ricos van delante y los pobres detrás, así como el Delegado caminaba el primero, después Vidal y después el resto, todos en fila india.

Como conclusión me ha resultado importante la denuncia social sobre la fila migratoria a EEUU y sobre todo porqué a nadie le interesa solucionar el problema. En la actualidad EEUU quiere construir un muro para controlar la inmigración, México no garantiza la seguridad de los migrantes que necesitan cruzar el país, además son considerados inferiores, así que no importa si se trafica con ellos. A pesar de todo, admiro a la gente como Yein o la huésped del Biempensante, personas fuertes que siguen adelante a pesar de todo, siempre adelante.

 

Fuentes:

Biografía de Antonio Ortuño:

https://www.escritores.org/biografias/10042-ortuno-antonio

Entrevista a Antonio Orduño, El País, 2017:

https://elpais.com/cultura/2017/04/04/actualidad/1491301955_000439.html

Origen “ir en fila india”:

https://blogs.20minutos.es/yaestaellistoquetodolosabe/por-que-se-dice-ir-en-fila-india/

Cómo México y Estados Unidos pueden solucionar el tema de la migración, ZEDILLO Ernesto y M. GUTIERREZ Carlos, The New York Times, 12.9.2016:

https://www.nytimes.com/es/2016/09/12/mexico-y-estados-unidos-migracion-ernesto-zedillo-trump-clinton/

 

Pepa